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Magno


Me enteré hoy en nuestra reunión semanal de Teorema la muerte de Magno Sánchez Jiménez, uno de nuestros principales “viejos” que en realidad tenía setenta y tres. Era dentista, masón, maestro pensionado, buen amigo y nuestro mejor cantante de tangos que, ante la ausencia de un músico tanguero, Magno cantaba simplemente a capela. Lo disfrutaba en verdad.

Era un hombre de pocas palabras, observador, taciturno y en cierta forma de espíritu oculto. Habitantes de la misma colonia, Magno me visitaba de vez en cuando y nos sentábamos a escucharme porque, como te digo, no era un hombre hablantín. Hace dos meses, sin embargo, sin muchos temas qué tratar, le propuse hacerle una entrevista sobre su niñez. Entonces me habló durante un buen rato. Este fragmento corresponde a una faceta poco conocida de él, su trabajo en el teatro:

“A mí me tocó trabajar teatro, un teatro hecho por poblanos. Algunos poblanos destacados se fueron al cine, inclusive. La hacía de malo en las películas, estuvo aquí Antonio Brillas, famoso actor cómico, su hermano igual, Emilio Brillas, y fundaron un teatro que llamaron Fernández Aldabín. Quien escribía las obras era el doctor Salvador Ibarra, hermano de Nacho Ibarra. Hizo una obra que llamó: De Flandes vino la luz, en la cual narra todo el proceso de la cultura española en México. Una obra de teatro muy grande que hizo el maestro. E hizo varias obras. Muy interesante esa época del teatro poblano.

“Estaba Antonio Gómez Haro, un tipo apuesto, poblanote, con toda la colonia española y árabe, ahí se juntaban haciendo teatro, pero buen teatro. Yo participé ahí a invitación de un amigo. La hacía de patiño, de extra, y participé en muchas obras.

“La señora Cuca fue una gran actriz de teatro en México. También recuerdo al señor que creó el Espacio 1900, entró desde entonces, prestaba su casa para el grupo. Una etapa muy interesante para Puebla, de ahí se creó el teatro universitario. Las obras se presentaban invariablemente en el teatro Principal, todo era en el Principal, y el universitario, en un teatrito junto a La Fragua, que todavía está ahí, y lo administraba Nacho Ibarra. Cuando venían caravanas de México a veces me mandaban llamar. Como sabían que hacía teatro, me llamaban a participar de extra en alguna de las obras, como las de Armando Calvo, por ejemplo. Me mandaban llamar. Me ayudó mucho cuando fui maestro, porque pude poner muchas obras de teatro. Me permitió fomentar el teatro en los lugares donde trabajé”.

Descansa en paz, amigo Magno.



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