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Guajotitlán


- Hola, Lupita ¿cómo te ha ido, hija mía?
- Buenas, don Pavón ¿ya se enteró de la navidad?
- Bueno, es algo que yo sé, porque he vivido muchos años, querida.
- ¿O sea que es cierto?
- Mmm, sí. Los guajolotes formamos parte de una antigua tradición humana que nos ha elegido para adornar una de sus fiestas más queridas e importantes.
- Y… ¿más o menos qué es lo que sucede, don Pavón?
- Cuando alguien te elige, te adorna con cerezas y piña, cantan y rezan mientras te consumen y les causas una gran alegría s sus vidas. Básicamente es eso, tú no sientes nada, pero se esmeran porque luzcas bonita y elegante. Es una hermosa y honrosa forma de cumplir con un rito.
- Pues… no parece tan malo, don Pavón.
- No lo es, te lo aseguro.
- La verdad es que escuché otra versión… un poco menos optimista sobre la navidad, don Pavón.
- Y ya puedo imaginarme de quién, Lupita, ya sé de dónde viene esa versión.
- Guajillo está como loco, don Pavón, habla de hornos crematorios y de asesinato en masa, desplumaderos y cuellos rotos.
- Porque es joven, Lupita, y no quiere entender que forma parte de un proceso, que marca de forma inevitable su destino.
- Pues sí, pero anda diciendo que va a escapar del gallinero, que se va ir de mojado al otro lado, que quién sabe qué…
- Y nosotros debemos convencerlo de que no haga locuras, Lupita, de que sea un guajolote sensato y útil a su sociedad.
- Pues sí, pero usted lo conoce ¡es tan necio ese Guajillo!


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