Ir al contenido principal

Fe de a ratos


El 8 de enero escribí una entrega con el nombre de “No sé que es la fe” en la que ilustraba mis tribulaciones en este tópico demasiado humano de las creencias. Al final, no sin dramatismo, expresaba mi convicción sobre la ciencia: “La ciencia nos dará libertad. ¿Y no es lo más grande a que puede uno aspirar? Yo creo en eso. Pero ¿… es mi fe?”

En el último número de Letras Libres, dedicado a este tema, Fernando Savater llega en mi auxilio con un esclarecedor ensayo titulado ¿Es tolerable la tolerancia religiosa?, en el que me ilumina sobre la improcedencia de hacer de la ciencia un artículo de fe, a diferencia de considerarla como uno de esperanza, de creencia material, diametralmente separada de la fe.

Para empezar, Savater distingue dos atributos humanos en el simple hecho de vivir: la función biológica y la experiencia simbólica. La primera “exige un conocimiento razonado y verificable”, mientras que la segunda “necesita disponibilidad y apertura de la imaginación creadora”. De ahí la necesidad urgente de la tolerancia, pues la una se requiere para mejorar nuestras vidas tristemente humanas, mientras que la otra es necesaria para el libre juego de la feliz imaginación.
“El problema auténtico empieza cuando la ciencia y la poesía tratan de sustituirse mutuamente, suprimiendo a su contraria”, me dice Savater casi de manera personal, pues en aquella pregunta del 8 de enero era precisamente el error en que yo incurría.

Luego el maestro español se interna en una claridosa discusión sobre la tolerancia, que es mejor que leas por ti mismo ( http://www.letraslibres.com/index.php?art=13633 ), pero en una de sus partes define a la religión como “la poesía que se toma científicamente en serio a sí misma y pretende tener una explicación del cosmos mejor que la ofrecida por el método científico”, reflexión que a mi me parece no sólo lúcida, sino sumamente esclarecedora.

No resolví mi problema sobre descubrir cuál es mi fe, pero la reflexión de Savater me ha permitido, por lo menos, separar las partes de mi propia constitución humana en dos: ese ser esperanzado en que la ciencia será el vehículo de mejoramiento humano, y que la fe, alguna posible fe emanada de mi imaginación, es la parte poética que la naturaleza tuvo a bien dotarme para soñar mejor.

El día de hoy, el diario El País notifica el éxito en el uso de células madre en una clínica de Sevilla que salvó la vida de un niño de siete años, al serle transferidas células del cordón umbilical de su hermanito recién nacido. ¿Cómo no tener esperanzas con noticias como ésta? Ayer veía en el noticiario que el obispo de Guadalajara, Jalisco, desalojó a toda una escuela reclamando la propiedad del inmueble que ocupaba, y ahora los niños estudian en la calle ¿Cómo no perder la fe en los llamados hombre de fe?

Por lo menos ahora puedo distinguir entre esperanza y fe.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Tentzo

El taller de la FEEP de Tzicatlacoyan, con financiamiento de la ONG española Ayuda en Acción, concluyó su escultura de papel maché con la representación del Tentzo, figura mítica de origen prehispánica situada en la parte alta del kiosco de la plaza principal de la comunidad de San Juan Tzicatlacoyan, Puebla. De acuerdo con la investigadora Antonella Fogetti ( Tenzonhuehue: El simbolismo del cuerpo y la naturaleza ), El Tentzo es una entidad “mitad dios y mitad no”, deidad antigua intrínsecamente buena, dadora de dones, que de acuerdo a la tradición tiene la facultad de asumir diferentes apariencias: catrín, charro, viejo barbón, anciana, mujer hermosa o animales diversos, que también podría ser interpretado como el famoso nahual o entidad similar. Hoy todos niegan venerar al Tentzo, pero las ofrendas periódicamente depositadas en su honor refieren todo lo contrario. Es una suerte de deidad negada pero viva, vigente. El Tentzo, cuyo nombre ostenta una montaña y la propia cordi...

Tratado de Bucareli

Tras haber cumplido tres años de gobierno, el 31 de agosto de 1923 el gobierno de Álvaro Obregón consigue reanudar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, de vital importancia para su gobierno, pero con una condición: la firma de un tratado que el senado mexicano había rechazado en primera instancia, pero que las presiones del gobierno y el asesinato del senador Fidel Jurado obligan a dar un viraje y aceleraron su aceptación. Durante años busqué el texto completo de este tratado que en la universidad nos había sido contado de manera inexacta. Ignoro las razones que suscitaron esa versión, que entre muchas escandalosas cláusulas reasaltaba una en la que se prohibía a México la producción de motores de combustión interna que prácticamente paralizaban el principal avance tecnológico de las primeras décadas del siglo XX. Como era de esperarse, neceé durante varios años y hasta pulí mi argumentación pues era un elemento clave a mi parecer para explicar el enanismo tecnológico de...

Pequeño gran Kafka

Aún cuando hay versiones de que nació en Tacubaya, las evidencias muestran que el 3 de julio de 1883 nace en Praga, República Checa, un pequeño y atormentado ser que llegaría a convertirse en unos de los símbolos del siglo XX: Franz Kafka, autor de La Metamorfosis y El Proceso. Lo de Tacubaya se utiliza como prueba palpable de que vivimos en un país kafkiano en el que buena parte del año nos sentimos cucarachas, de los interminables trámites y vericuetos que hay que seguir casi para cualquier cosa, país se ventanillas y apapachos sexenales. Después, la indiferencia y el miedo, la insatisfacción y la alienación; la desesperación y el absurdo; millones de seres movidos por la angustia de ver pasar el tiempo con las mismas promesas, los mismos juegos de palabras, las mismas caras de siempre. De ahí la pertinencia de nuestro kafkanismo. Durante cien años las inteligencias más destacadas han tratado de encontrarle sentido a las palabras de Franz Kafka con resultados por demás contrastantes,...