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Querido viejo


La noche del sábado al hacer uno de mis rondines con el control remoto vi en el canal 11 a un hombre gordo y viejo que parecía cantar más con el alma que con las cuerdas vocales. Era Alberto Cortés. Uno de esos personajes raramente recordados que nos ha acompañado a los cincuentones a lo largo de nuestras vidas. Viejo mi querido viejo, ahora ya camina lento. Tenía nueve años cuando ya cantaba esa canción en el baño, los sábados que me bañaba, y tenía la gran tentación de cantársela a mi padre, de 42 años, puesto que mi abuelo, el único viejo, acababa de morir. Aunque, pensándolo bien, era seis años menor que el hombre gordo y abotagado que ahora llenaba la pantalla de la televisión. Estuve unos segundos viéndolo, disfrutando de su indeleble argentinidad y su voz quemadura (nunca mejor encontrado un lugar para el verso de Villaurrutia), como el hielo de vidrio, como el grito de hielo. Claro que el verso es en primera persona (y mi voz…). Hoy, Alberto Cortez cumple apenas 69 años de nacido, cuando yo hubiera imaginado que cumpliría 90, pues su voz quema, dura.


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