Hoy he amanecido con semblante expectante y no tengo muchas esperanzas de que nada importante pase. Aunque me concentro fijamente hacia el frente, es decir, sí estoy atento a las circunstancias, tengo algo incómodo en la nariz que me hace pensar que en realidad estuviera viendo hacia atrás, hacia la pared, lo que no deja de inquietarme. Creo que es un día triste, no alegre, lo que debo tomar con calma y con sabiduría. “Si las cosas no tienen remedio….”, dice el proverbio chino, “no la hagas de tos”, aportan las desinencias de ese otro verbo, el nuestro. Es decir, de esas circunstancias. Si el día no es genial, aprenderé a disfrutarlo en su grisura. Al menos trataré.
Tras haber cumplido tres años de gobierno, el 31 de agosto de 1923 el gobierno de Álvaro Obregón consigue reanudar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, de vital importancia para su gobierno, pero con una condición: la firma de un tratado que el senado mexicano había rechazado en primera instancia, pero que las presiones del gobierno y el asesinato del senador Fidel Jurado obligan a dar un viraje y aceleraron su aceptación. Durante años busqué el texto completo de este tratado que en la universidad nos había sido contado de manera inexacta. Ignoro las razones que suscitaron esa versión, que entre muchas escandalosas cláusulas reasaltaba una en la que se prohibía a México la producción de motores de combustión interna que prácticamente paralizaban el principal avance tecnológico de las primeras décadas del siglo XX. Como era de esperarse, neceé durante varios años y hasta pulí mi argumentación pues era un elemento clave a mi parecer para explicar el enanismo tecnológico de...
Otra versión del proverbio: "Oh Dennys, no l'hagas de Talks en Wings, to Vips or not to Vips, that's the Woolworth".
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