Ir al contenido principal

Pa que te conformes


Un hombre montado sobre el poste de afuera de mi casa en Puebla. De su mano pende un cable negro que atraviesa la calle. Buenas, me acerco ¿qué está haciendo? ¿Por qué, oiga?, me dice desde arriba. Porque esta es mi casa y esa gran rama que acaba de trozar es de mi árbol (mi adorado Ficus que sólo yo cuido). Pero la banqueta no es suya, me responde altanero, mientras se baja del poste. Además, no me puedo subir porque hay muchas ramas, debería podar el árbol, está usted obstruyendo las vías de comunicación. Pues eso no lo voy a discutir con usted, le respondí y me di la vuelta. ¿Pertenece a Telmex, verdad? Ya le dije que sí, me responde –no me había dicho nada-, ahí está mi camioneta. En efecto, ahí estaba su carrito con el logo de Telmex. Me metí a la casa más bien enojado. El grado de irritabilidad en este país es muy alto y los altercados entre la gente están a flor de piel. Busqué un papel y un lápiz para apuntar el número de la unidad y sus placas, pero como apenas estaba empezando a colocar el cable, no me apuré. A los cinco minutos salí, pero ya no había nadie. El “técnico colocador de cables telefónicos”, como diría el doctor Chunga, había desaparecido. Pero de recuerdo me dejó esta pequeña demostración de barbarie que ilustra la foto: la rama destrozada y muchos metros de cable telefónico literalmente tirados en el arroyo de la calle. Cuánto despilfarro por una débil queja de un vecino cualquiera. Si opera así esta empresa que supuestamente es modelo de empresa en el país, qué podemos esperar de las mediocres. Cuánto resentimiento alberga el corazón de este hombre que decidió abandonar sus tareas y dejar tirado el cable. ¿O era un ladrón tratando de meterse a mi casa con el garlito de la instalación de un cable, sorprendido con mi llegada? No lo sé. Voy a recoger el cable y a acabar de cortar la rama, con más pena que resentimiento.


Comentarios

Entradas populares de este blog

El Tentzo

El taller de la FEEP de Tzicatlacoyan, con financiamiento de la ONG española Ayuda en Acción, concluyó su escultura de papel maché con la representación del Tentzo, figura mítica de origen prehispánica situada en la parte alta del kiosco de la plaza principal de la comunidad de San Juan Tzicatlacoyan, Puebla. De acuerdo con la investigadora Antonella Fogetti ( Tenzonhuehue: El simbolismo del cuerpo y la naturaleza ), El Tentzo es una entidad “mitad dios y mitad no”, deidad antigua intrínsecamente buena, dadora de dones, que de acuerdo a la tradición tiene la facultad de asumir diferentes apariencias: catrín, charro, viejo barbón, anciana, mujer hermosa o animales diversos, que también podría ser interpretado como el famoso nahual o entidad similar. Hoy todos niegan venerar al Tentzo, pero las ofrendas periódicamente depositadas en su honor refieren todo lo contrario. Es una suerte de deidad negada pero viva, vigente. El Tentzo, cuyo nombre ostenta una montaña y la propia cordi...

Tratado de Bucareli

Tras haber cumplido tres años de gobierno, el 31 de agosto de 1923 el gobierno de Álvaro Obregón consigue reanudar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, de vital importancia para su gobierno, pero con una condición: la firma de un tratado que el senado mexicano había rechazado en primera instancia, pero que las presiones del gobierno y el asesinato del senador Fidel Jurado obligan a dar un viraje y aceleraron su aceptación. Durante años busqué el texto completo de este tratado que en la universidad nos había sido contado de manera inexacta. Ignoro las razones que suscitaron esa versión, que entre muchas escandalosas cláusulas reasaltaba una en la que se prohibía a México la producción de motores de combustión interna que prácticamente paralizaban el principal avance tecnológico de las primeras décadas del siglo XX. Como era de esperarse, neceé durante varios años y hasta pulí mi argumentación pues era un elemento clave a mi parecer para explicar el enanismo tecnológico de...

Resortes ocultos

Cuando estudiaba en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), en los años ochenta, Octavio Paz se atrevió a emitir unos juicios críticos sobre los antropólogos, la escuela en su conjunto reaccionó con indignación, incapaz de meditar en las palabras del escritor. Lo llenamos de vituperios y lo menos que le dijimos fue que era un aliado de Televisa, vocero de la derecha y cosas por el estilo. Muy pocos o ninguno leyó críticamente sus argumentos, por desgracia. Recuerdo que, entre lo más hiriente, Paz decía que la escuela se había convertido en una pasarela de modas de una clase media hippiosa y que todo se discutía ahí, menos la antropología mexicana. Yo terminaba entonces la carrera y buscaba afanosamente quién me dirigiera la tesis de, por cierto, antropología mexicana. No encontré ningún maestro interesado, ni ahí ni el Ciesas, donde por supuesto había algunos estudiosos del tema, pero que no tenían tiempo para un estudiante de licenciatura. Me dediqué entonces a ver a nu...