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La Elena


Se sabe que era poblana, pero en Puebla la sombra de Elena Garro es breve, casi inexistente. Las reseñas biográficas sobre ella se saltan la parte poblana, a la que nada la ata, que no fuera padre, José Garro, fervoroso católico.

Elena Garro fue una mujer de una fuerza y talento fuera de lo común; un personaje de su propia obra, excéntrica, sabia, distraída. De joven quería ser militar, pero las circunstancias la obligaron a estudiar danza, Letras y actuación con Julio Bracho. En 1937, en una extraña ceremonia, se casa con Octavio Paz, como ella misma lo narró antes de su muerte. Escritora prolífica, escribió poesía, ensayos, cuentos, obras de teatro y novelas, pero su obra cumbre, que la coloca en las letras grandes de la literatura mexicana, fue su novela Los recuerdos del Porvenir, publicada en 1963.

Elena Garro se ganó el desprecio de la comunidad intelectual mexicana al señalar a catedráticos e intelectuales "izquierdistas" (Luis Villoro, Emmanuel Carballo, Leopoldo Zea, Rosario Castellanos, José Luis Cuevas, Carlos Monsiváis, Eduardo Lizalde, Víctor Flores Olea, Leonora Carrington y el propio Octavio Paz) como los causantes de la matanza del 68. ¡Ahora como cobardes, esos intelectuales se esconden...!, les restregó en la cara. Muy pronto sus palabras tuvieron consecuencias. El desprecio general se estrechó haciéndole la vida irrespirable, tuvo que purgar un exilio los siguientes treinta años. Sólo regresó a morir, se instalaron con cierta incomodidad en Cuernavaca, ella y su hija Helena Paz y de pronto murió, enojada con el mundo, un día sábado como hoy del año 1998. Tenía 78 años de edad.


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