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Ni tanto que queme al santo


Supongo que la opinión de cada quien es la que forma la opinión pública, por eso es importante que cada quien diga lo que le toca ver desde su platea, numerado, sol o gayola desde donde observa el ruedo.

Primero, me sorprende que ante cualquier estirón social se disparen las versiones más contrastantes sobre lo mismo, con una clara desventaja hacia los que no tienen al gobierno de su lado. Sin ninguna simpatía por los sindicatos mexicanos de hoy, harto como la mayoría de los líderes charros de izquierda y de derecha, escandalizado por la carga financiera que representan, mi corazón no palpitó con zozobra ni un minuto a raíz de la autoritaria toma de la empresa Luz y Fuerza del Centro por parte del gobierno, en un golpe a la antigüita. Pero de ahí a escuchar esa retahíla de infamias sobre el sindicato y sus trabajadores, tampoco. Los medios electrónicos han estado crucificando sin pudor a líderes y trabajadores por igual a lo largo de la semana, afirmando que son lo peor, que el servicio es fatal, que los apagones son continuos, etc.

Una breve conversación con Malú me permitió ver lo manipuladas que están esas versiones, al menos en lo que respecta a la ciudad de Puebla. Por veinte años hemos tenido dos o tres apagones de electricidad, casi siempre relacionados a alguna tormenta o al choque de algún borrachito con un poste. Dos veces, en medio de una tormenta, reportamos un corto en la esquina de la casa y, para nuestra sorpresa, aún con la tormenta encima, llegó un vehículo de la compañía de luz y arregló el desperfecto. En la central pusieron unas cómodas cajas automáticas para pagar el recibo de luz, si acaso no pudiste hacerlo en cualquier súper, Oxxo o banco, lo que nos da un acceso rápido y eficiente de ese trámite. Si acaso tenemos alguna queja, es que, en el sexenio de Fox, súbitamente subió la tarifa de cien a quinientos sin decir agua va. Dolió y sigue doliendo el precio de la luz, pero hemos implementado sistemas de “apaga focos” en la casa con algún resultado. Recapitulando, al menos en nuestra experiencia, la corrupción e ineficiencia de los trabajadores de Luz y Fuerza del Centro no son ciertas. Como en el futbol, el mejor árbitro es el que no se ve, nunca hemos conocido a un solo trabajador de luz, a diferencia de los telefonistas o cableros.

Ayer en la noche, en la idea de ver o escuchar cómo iba lo de la manifestación en la ciudad de México, las televisoras y las radiodifusoras a mi alcance hablaban de 15 mil y hasta 30 mil asistentes. Hoy podemos ver que no tenía nada que ver con la realidad, aunque conseguir la foto que ilustra este texto fue muy complicado y la tuve que bajar de un video. En fin, me apenan las cincuenta mil familias que vivirán el viacrucis del desempleo y espero que muchas de ellas hagan algo inteligente con el dinero de su liquidación. No tengo esperanzas en que el gobierno de Calderón conceda nada de lo que el sindicato le demanda. No puede hacerlo, pues echar atrás esta maniobra sería tanto como liquidar lo que le queda de poder a un gobierno maniatado, sin luces ni proyectos. Antes bien, esperaría (me siento, mejor me acuesto) a que este golpe de autoridad contra una organización llamada “de izquierda”, siguiera en esa lógica y desmantelara los dañinos cacicazgos de Elba Esther en el SNTE y los señores petroleros, tan caros al progreso, al futuro y al ánimo de tener alguna clase de optimismo en este colapsado país.



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