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Impudicias edificantes


En 1938 muere a los 79 años Matilde Montoya, cuyo nombre nos dice poco, no así su obra. Matilde fue la primera médica cirujana en México, que entre otros sitios estudió medicina en condiciones adversas, pues fue rechazada por profesores, autoridades y sectores sociales que la tachaban de "impúdica y peligrosa mujer, que quiere ver cadáveres de hombres desnudos". Y sí, en efecto vio muchos hombres encuerados, a quienes de paso salvó la vida.

Cuando pienso en los valores de los mexicanos pienso en gente como doña Matilde, que abrió el camino a miles de jóvenes mujeres que la siguieron en el estudio de la medicina y que hoy pueblan los hospitales y clínicas del país. ¿Acaso no merecería mayor justicia su obra? ¿un hospital, un centro especializado con su nombre? Sin duda que sí. En el 50 aniversario de su fallecimiento, en 1988, se erigió un busto de bronce en su memoria en el jardín José Martí, frente al centro médico Siglo XXI, cuando lo correcto hubiera sido instalar un busto en memoria de Martí en el jardín Matilde Montoya. Pero, bueno, peor es nada.



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