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¿Rulfo?


A la edad de 69 años murió un día como hoy de 1986 probablemente el más grande escritor mexicano de todos los tiempos: Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, frustrado por su largo silencio, nacido en Apulco, Jalisco, en 1917.

El intrincado ramaje ideológico del campesino mexicano, sus creencias y su devenir cotidiano cargado de carencias, son los elementos que Juan Rulfo toma para su lacónica, pero majestuosa obra, compuesta por dos pequeños libros: Pedro Páramo y El Llano en Llamas.

Estuve a solas con Juan Rulfo en una agencia de VW de la Av. Revolución en la ciudad de México por ahí de 1980. Cada uno esperaba su respectivo vehículo, cada quien con su respectiva impaciencia. Lo reconocí de inmediato aunque me atreví a confirmar su identidad hasta muchos minutos después. Había leído su obra, podría hablarle, pero ¿de qué? Además el hombre estaba enojado, su impaciencia era mucho más ansiosa que la mía, incluso se obstinaba en permanecer de pie, no obstante que la sala estaba llena de sillones. No recuerdo quién salió primero, no lo volví a ver, ni mucho menos estar a solas con él un día cualquiera de la semana. Nunca me torturó la idea de no haberle hablado, pues todavía hoy mis dudas prevalecen ¿qué podría haberle dicho? Por otro lado, existe la lejana posibilidad de que ese hombre no fuera Juan Rulfo, en cuyo caso mi recuerdo no tiene futuro. Y no se me ocurre que pueda haber algo más triste que un recuerdo sin futuro.



Comentarios

  1. Polo, felicidades por lo que has escrito, opino que hiciste bien en no hablarle: es el silencio de Rulfo.

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  2. Perdón que te contradiga, pero sólo te cito, sí hay algo más triste que un recuerdo sin futuro: un futuro sin recuerdos. Es cuando resulta escalofriante pensar que el Alzheimer está azotando a la humanidad con el castigo del olvido, condenándo a sus victimas a un final deshumanizado, de memoria borrada. El futuro sin recuerdos.

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  3. Embalsamador:

    Aunque echas a perder una hermosa imagen poética, tienes razón, como casi siempre.

    Crhistian: también tienes razón. Imagínate que me hubiera dictado un cuento inédito ¿qué sería del fantástico silencio rulfiano?

    Gracias a ambos.

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