Ir al contenido principal

Gallitos


Cuando no tienes para unas llantas nuevas, pero es inminente cambiar alguna convertida en jirones, acudes a un mercado sumamente informal e incierto en donde se distribuyen llantas usadas que en el argot se conocen como gallitos. Si el mundo de las llantas nuevas está, digamos, a nivel del suelo, el mundo de los gallitos definitivamente está en el subsuelo. Te enfrentas a un mercado especulativo más movido que Wall Street y el azar es parte fundamental de tus transacciones. El gallito puede ser una llanta inservible, por algo fue desechado por su dueño original, aunque suele ocurrir que tengas suerte y tu gallito tenga una digna y correosa vejes.

Ayer el escenario mañanero era un carro ponchado en alguna calle de la colonia y no es que necesitara una llanta, necesitaba dos, pues la de refacción había sido sustraída de la cajuela afuera de la casa. Fue así como el destino quiso que anduviera yo del tingo al tango cargando llantas inservibles de ida, llantas medio servibles de vuelta, en un itinerario que incluyó largos trayectos cargando una llanta, camiones urbanos, mercados populares (al fondo, ahí las encuentras), y un último viaje cargando ring y llanta a la vez. Divertidísimo, pues.

Pero más allá del esfuerzo físico, que a mis cincuenta y tres merece por lo menos un aplauso, lo interesante fue acercarse a ese submundo de subllantas que te enfrenta a subcomerciantes de subpuestos con el único objetivo de encontrar un buen subprecio. Lo espectacular es la cantidad de clientes que hacíamos fila para mercar una de las llantas usadas. Había camioneros, taxistas y automovilistas. Los precios eran sumamente flexibles y contrastantes, digamos que de 150 pesos a 600 la más cara. Y no creas que nadie te agradece tu compra, más bien, la idea final es de que te están haciendo un favor. Hay que rogarles, pues. ¿Llanta 13? No, joven, está muy escasa. Tal vez tengo alguna (al fondo de una pila de centenares de llantas ¿me la podría enseñar? Por fa…), pero va a tener que esperar un rato. Esperé, qué más.

Salí muy contento con mi llanta lisa. El esfuerzo era lo de menos, lo importante era poder rescatar mi carcacha abandonada en una calle, con el gato puesto, a merced de los confiscadores de lo ajeno, pues ¿quién crees que distribuye “la mercancía” del negocio de las llantas usadas?



Comentarios

Entradas populares de este blog

El Tentzo

El taller de la FEEP de Tzicatlacoyan, con financiamiento de la ONG española Ayuda en Acción, concluyó su escultura de papel maché con la representación del Tentzo, figura mítica de origen prehispánica situada en la parte alta del kiosco de la plaza principal de la comunidad de San Juan Tzicatlacoyan, Puebla. De acuerdo con la investigadora Antonella Fogetti ( Tenzonhuehue: El simbolismo del cuerpo y la naturaleza ), El Tentzo es una entidad “mitad dios y mitad no”, deidad antigua intrínsecamente buena, dadora de dones, que de acuerdo a la tradición tiene la facultad de asumir diferentes apariencias: catrín, charro, viejo barbón, anciana, mujer hermosa o animales diversos, que también podría ser interpretado como el famoso nahual o entidad similar. Hoy todos niegan venerar al Tentzo, pero las ofrendas periódicamente depositadas en su honor refieren todo lo contrario. Es una suerte de deidad negada pero viva, vigente. El Tentzo, cuyo nombre ostenta una montaña y la propia cordi...

Tratado de Bucareli

Tras haber cumplido tres años de gobierno, el 31 de agosto de 1923 el gobierno de Álvaro Obregón consigue reanudar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, de vital importancia para su gobierno, pero con una condición: la firma de un tratado que el senado mexicano había rechazado en primera instancia, pero que las presiones del gobierno y el asesinato del senador Fidel Jurado obligan a dar un viraje y aceleraron su aceptación. Durante años busqué el texto completo de este tratado que en la universidad nos había sido contado de manera inexacta. Ignoro las razones que suscitaron esa versión, que entre muchas escandalosas cláusulas reasaltaba una en la que se prohibía a México la producción de motores de combustión interna que prácticamente paralizaban el principal avance tecnológico de las primeras décadas del siglo XX. Como era de esperarse, neceé durante varios años y hasta pulí mi argumentación pues era un elemento clave a mi parecer para explicar el enanismo tecnológico de...

Resortes ocultos

Cuando estudiaba en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), en los años ochenta, Octavio Paz se atrevió a emitir unos juicios críticos sobre los antropólogos, la escuela en su conjunto reaccionó con indignación, incapaz de meditar en las palabras del escritor. Lo llenamos de vituperios y lo menos que le dijimos fue que era un aliado de Televisa, vocero de la derecha y cosas por el estilo. Muy pocos o ninguno leyó críticamente sus argumentos, por desgracia. Recuerdo que, entre lo más hiriente, Paz decía que la escuela se había convertido en una pasarela de modas de una clase media hippiosa y que todo se discutía ahí, menos la antropología mexicana. Yo terminaba entonces la carrera y buscaba afanosamente quién me dirigiera la tesis de, por cierto, antropología mexicana. No encontré ningún maestro interesado, ni ahí ni el Ciesas, donde por supuesto había algunos estudiosos del tema, pero que no tenían tiempo para un estudiante de licenciatura. Me dediqué entonces a ver a nu...