Ir al contenido principal

López


Jorge Ibargüengoitia tuvo el tino de nombrar a su héroe de la lucha por la Independencia de México (entiéndase que Hidalgo) como López, en una novelita que llamó Los pasos de López, pues a todo lo largo de la historia mexicana, e incluso antes - pues existió un virrey con ese apellido: Diego López de Pacheco-, los López han aparecido intermitentemente en decisivos escenarios de nuestra política, de López Rayón a López Obrador, pasando por cualquier cantidad de otros apellidos que acompañan al aludido: Mateos, Portillo, sólo por mencionar dos presidentes, pero apellido de centenares de legisladores, alcaldes y gobernadores. Bueno, para no ir tan lejos, en Puebla El PRI nos depara nuevamente el privilegio con su candidato a la gubernatura, al que extrañamente la “voz social” le omite su primer apellido (López), identificándolo sólo con el segundo (Zavala).

Uno de los más célebres López, Antonio López de Santa Anna, nace un día como hoy de 1765 en Jalapa, Veracruz, para ser uno de los más singulares personajes de nuestra historia, que cumple el papel del antihéroe mexicano.

Santa Anna, imprescindible en cierto momento de la historia, es llamado a la presidencia media docena de veces ante la patética ausencia de líderes; le toca perder una serie de guerras decisivas contra los Estados Unidos, que costarían a México más de la mitad de su territorio. Santificado y vilipendiado, Santa Anna tuvo a bien enterrar con grandes honores una de sus piernas, perdida en acción, para posteriormente ver cómo el populacho la arrastraba por las calles de la capital.

Si hay algún folclor en la política de México lo encabeza, sin duda ninguna, Antonio López de Santa Anna, aún habiendo tantos concursantes.


Aunque no eres López, bienvenido Jesús Reyna Herrera como seguidor del blog. Y gracias.


Comentarios

Entradas populares de este blog

El Tentzo

El taller de la FEEP de Tzicatlacoyan, con financiamiento de la ONG española Ayuda en Acción, concluyó su escultura de papel maché con la representación del Tentzo, figura mítica de origen prehispánica situada en la parte alta del kiosco de la plaza principal de la comunidad de San Juan Tzicatlacoyan, Puebla. De acuerdo con la investigadora Antonella Fogetti ( Tenzonhuehue: El simbolismo del cuerpo y la naturaleza ), El Tentzo es una entidad “mitad dios y mitad no”, deidad antigua intrínsecamente buena, dadora de dones, que de acuerdo a la tradición tiene la facultad de asumir diferentes apariencias: catrín, charro, viejo barbón, anciana, mujer hermosa o animales diversos, que también podría ser interpretado como el famoso nahual o entidad similar. Hoy todos niegan venerar al Tentzo, pero las ofrendas periódicamente depositadas en su honor refieren todo lo contrario. Es una suerte de deidad negada pero viva, vigente. El Tentzo, cuyo nombre ostenta una montaña y la propia cordi...

Tratado de Bucareli

Tras haber cumplido tres años de gobierno, el 31 de agosto de 1923 el gobierno de Álvaro Obregón consigue reanudar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, de vital importancia para su gobierno, pero con una condición: la firma de un tratado que el senado mexicano había rechazado en primera instancia, pero que las presiones del gobierno y el asesinato del senador Fidel Jurado obligan a dar un viraje y aceleraron su aceptación. Durante años busqué el texto completo de este tratado que en la universidad nos había sido contado de manera inexacta. Ignoro las razones que suscitaron esa versión, que entre muchas escandalosas cláusulas reasaltaba una en la que se prohibía a México la producción de motores de combustión interna que prácticamente paralizaban el principal avance tecnológico de las primeras décadas del siglo XX. Como era de esperarse, neceé durante varios años y hasta pulí mi argumentación pues era un elemento clave a mi parecer para explicar el enanismo tecnológico de...

Resortes ocultos

Cuando estudiaba en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), en los años ochenta, Octavio Paz se atrevió a emitir unos juicios críticos sobre los antropólogos, la escuela en su conjunto reaccionó con indignación, incapaz de meditar en las palabras del escritor. Lo llenamos de vituperios y lo menos que le dijimos fue que era un aliado de Televisa, vocero de la derecha y cosas por el estilo. Muy pocos o ninguno leyó críticamente sus argumentos, por desgracia. Recuerdo que, entre lo más hiriente, Paz decía que la escuela se había convertido en una pasarela de modas de una clase media hippiosa y que todo se discutía ahí, menos la antropología mexicana. Yo terminaba entonces la carrera y buscaba afanosamente quién me dirigiera la tesis de, por cierto, antropología mexicana. No encontré ningún maestro interesado, ni ahí ni el Ciesas, donde por supuesto había algunos estudiosos del tema, pero que no tenían tiempo para un estudiante de licenciatura. Me dediqué entonces a ver a nu...