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Las verdades de John


Es improbable que John Lennon estuviera gordo el día de hoy, en su 70 aniversario, como lo previó esta antigua viñeta de los años sesenta que vi en una revista siendo niño; creo más bien que Lennon se mantendría delgado, parecido a sí mismo, en claro contraste con ese anciano feliz, gordo y bigotón incapaz de imaginar la trágica interrupción de su vida a los 40 años de edad.

(Por desgracia no pude conseguir el nombre del autor de este dibujo, con el consabido recurso del bloguero que pontifica: “copiar bien sin mirar de quién”, lo tomé de una de las muchas opciones que publican esta ilustración sin ningún crédito y me agrego a ellas. Para aumentar la transgresión contra aquel dibujante lo rellené un poquito, porque en el original Ringo Star tapa un tercio de la cara de John. Sorry.)

Pienso que Lennon sería un setentón maduro y feliz, amante de Yoko, apegado a su hijo y escribidor de canciones aunque no necesariamente prolífico. Tendríamos una veintena de canciones posteriores convertidas en nuevos clásicos de la cultura popular global para regocijo de todos y en particular de las disqueras. De acuerdo a declaraciones recientes de Yoko a la agencia EFE, John seguiría insistiendo en su mensaje de paz, como de hecho lo hace desde la muerte.

"Su espíritu sigue vivo y su energía es más necesaria que nunca en los tiempos inciertos que corren", afirmó la artista japonesa en Londres. Es más necesario que nunca, agregó,
"sus canciones contenían muchas verdades y la verdad es fundamental para alcanzar la felicidad”.

Es complicado hablar de una “verdad”, lo sé, aunque sea de Lennon, sobre todo cuando los subproductos de la lennonmanía nos ofrecen evidencias muy crudas sobre la comercialización de su imagen. Se subastó el excusado de John y el lavabo alcanza una cifra de 15 mil dólares; alguien encapsuló música del beatle y la envió al espacio, circulan auténticas y fraudulentas grabaciones inéditas, afiches e imágenes de Lennon para cualquier clase de propósito, desde el adorno inofensivo del librero, sillas, ceniceros, tazas, cucharas y platos, hasta la imagen sacralizada para una suerte de religión hecha a su imagen y semejanza. Yo mismo escribí un cuento doblemente fantasioso (ver 8-dic-09) sobre un robot cibernético que firma autógrafos a gran velocidad con su brazo biónico. Ese es el Lennon que sigue ahí.

Si Lennon siguiera vivo hoy como para apagar las setenta velitas de su pastel sería una figura relevante e influyente como lo es Jagger, McCartney o Roger Waters, no la imagen mercadoreligiosa en que lo convirtió su muerte, el mártir de la estulticia y la mitomanía. “John muerto sigue escupiéndonos a la cara esas verdades", afirma ahora Yoko Ono, quizás harta de la forma en que nosotros hemos escupido a John durante treinta años. Y si no ¿qué se va a hacer entonces al inodoro de John?

Fuente: EFE El Universal, 2010-09-23



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