Ir al contenido principal

Extremidades extremas


El 6 de diciembre 1844 la masa irracional a la que hace referencia Elías Caneti desentierra del Panteón de Dolores una pierna pestilente y la arrastra por las calles de la ciudad, ante la impotencia de no poder arrastrar al resto de ese cuerpo que se hallaba sentado en la silla presidencial: su alteza serenísima, Antonio López de Santa Anna, que apenas unos días antes había hecho enterrar su pata con pompa y ceremonia.

En épocas de cercenamientos y degüellos el triste recuerdo de esta extremidad arrastrada por las calles de México es una muestra de los dos extremos de la madeja social: la vileza egocéntrica (o patocéntrica) de hacer honrar una estúpida pierna como si fuera un héroe y sepultarla con honores militares y la vileza del simbolismo de arrastrar un fardo ante la imposibilidad de no alcanzar a arrastrar las otras partes de ese cuerpo que gozaban de cabal salud.

En los años setenta visité casi por accidente el mausoleo en San Ángel dedicado al antebrazo derecho de Álvaro Obregón, hoy felizmente desaparecido. Ahí estaba en el centro de una gran sala el regordete brazo ya en muy mal estado metido en un frasco. No había ninguna emotividad parecida a la que sentí cuando vi en el Museo de las Intervenciones la mascarilla mortuoria de Maximiliano, pues en muchos sentidos era él. Aquí no. El pedazo de brazo pálido, medio descompuesto, no significaba nada fuera de la expectativa morbosa de ver ese pedazo de héroe sin bigote, sin botas y sin espada.

Supongo que así fue aquella tarde lejana en que la pierna de Santa Anna fue desenterrada de su tumba; tras algunos metros era tan sólo un pedazo de carne que ni los perros quisieron disputarse y terminaron abandonando en una esquina casual. Los jaladores de aquella extremidad se retiraron cabizbajos y meditabundos, ebrios por el atrevimiento pero vacíos por el resultado de la hazaña.

Así salí yo de aquel mausoleo en San Ángel, pensando en que había perdido media hora de mi vida en la que, por otra parte, no tenía mucho que hacer. Yo creo que aquellos individuos tampoco.


* La foto es el antebrazo de Obregón.


Comentarios

  1. Yo fui una de las niñas "suertudas" que sí alcanzaron a ver el brazo de Obregón antes de que finalmente lo enterraran. Me pareció una a aberración, incluso cuando no entendía bien las razones para conservar aquel adefesio.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

El Tentzo

El taller de la FEEP de Tzicatlacoyan, con financiamiento de la ONG española Ayuda en Acción, concluyó su escultura de papel maché con la representación del Tentzo, figura mítica de origen prehispánica situada en la parte alta del kiosco de la plaza principal de la comunidad de San Juan Tzicatlacoyan, Puebla. De acuerdo con la investigadora Antonella Fogetti ( Tenzonhuehue: El simbolismo del cuerpo y la naturaleza ), El Tentzo es una entidad “mitad dios y mitad no”, deidad antigua intrínsecamente buena, dadora de dones, que de acuerdo a la tradición tiene la facultad de asumir diferentes apariencias: catrín, charro, viejo barbón, anciana, mujer hermosa o animales diversos, que también podría ser interpretado como el famoso nahual o entidad similar. Hoy todos niegan venerar al Tentzo, pero las ofrendas periódicamente depositadas en su honor refieren todo lo contrario. Es una suerte de deidad negada pero viva, vigente. El Tentzo, cuyo nombre ostenta una montaña y la propia cordi...

Tratado de Bucareli

Tras haber cumplido tres años de gobierno, el 31 de agosto de 1923 el gobierno de Álvaro Obregón consigue reanudar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, de vital importancia para su gobierno, pero con una condición: la firma de un tratado que el senado mexicano había rechazado en primera instancia, pero que las presiones del gobierno y el asesinato del senador Fidel Jurado obligan a dar un viraje y aceleraron su aceptación. Durante años busqué el texto completo de este tratado que en la universidad nos había sido contado de manera inexacta. Ignoro las razones que suscitaron esa versión, que entre muchas escandalosas cláusulas reasaltaba una en la que se prohibía a México la producción de motores de combustión interna que prácticamente paralizaban el principal avance tecnológico de las primeras décadas del siglo XX. Como era de esperarse, neceé durante varios años y hasta pulí mi argumentación pues era un elemento clave a mi parecer para explicar el enanismo tecnológico de...

Pequeño gran Kafka

Aún cuando hay versiones de que nació en Tacubaya, las evidencias muestran que el 3 de julio de 1883 nace en Praga, República Checa, un pequeño y atormentado ser que llegaría a convertirse en unos de los símbolos del siglo XX: Franz Kafka, autor de La Metamorfosis y El Proceso. Lo de Tacubaya se utiliza como prueba palpable de que vivimos en un país kafkiano en el que buena parte del año nos sentimos cucarachas, de los interminables trámites y vericuetos que hay que seguir casi para cualquier cosa, país se ventanillas y apapachos sexenales. Después, la indiferencia y el miedo, la insatisfacción y la alienación; la desesperación y el absurdo; millones de seres movidos por la angustia de ver pasar el tiempo con las mismas promesas, los mismos juegos de palabras, las mismas caras de siempre. De ahí la pertinencia de nuestro kafkanismo. Durante cien años las inteligencias más destacadas han tratado de encontrarle sentido a las palabras de Franz Kafka con resultados por demás contrastantes,...