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Si muero lejos de ti


La mañana del 4 de diciembre de 1953 el país contenía la respiración. Uno de los más grandes ídolos del cine y la canción mexicana estaba gravemente enfermo.

Todos hablaban este día de Jorge Negrete, de sus canciones y de sus películas; sus ojitos pícaros y sus bigotes recortados eran como imágenes animadas que pasaban ese día, como una película, sobre los pensamientos de la colectividad. No era un muchacho, pero tampoco un viejo; líder sindical, charro entre los charros y el único cantor que podía hacerle algo de sombra al indiscutible Pedro Infante.

Jorge Negrete no era un ídolo popular convencional. Su refinada educación incluía el dominio de cinco idiomas; su fama de caballero, sus preferencias por la música de alta cultura que, añadido a su matrimonio con María Félix hacían de él, más que un ser real, un personaje de leyenda, un mito que se alimentaba aún más con las proximidades de su muerte. Un país entero, literalmente, rezaba por él.

Y ocurrió, como se temía. La tarde de este día el charro cantor Jorge Negrete muere en Los Ángeles, California. Su cuerpo será recibido en el aeropuerto de la ciudad de México por cien organizaciones de mariachis que tocaron al unísono México lindo y querido. Nomás de pensarlo se enchina la piel. Aunque no hubo necesidad de decir que venía dormido, sí lo trajeron aquí.



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