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Vientos republicanos


El 21 de febrero de 1867 Benito Juárez arriba a la ciudad de San Luis Potosí, de donde saliera muy deteriorado en mayo de 1863. Habían pasado cuatro años de convulsos acontecimientos nacionales, internacionales y personales en la vida de Juárez, que sin embargo no borraba su expresión impertérrita de su rostro, para sorpresa de sus colaboradores. Había tenido que enviar a su familia a Nueva York mientras gobernaba en su presidencia itinerante; Estados Unidos estaba en guerra civil y aunque el presidente Abraham Lincoln aprobaba la lucha republicana contra los invasores galos era muy poco lo que podía hacer por ayudarlos. Cuando las cosas no podían ponerse peor, lo hicieron.

Los franceses triunfan en cada plaza y Juárez se ve precisado a huir por las ciudades del norte, por los caminos asediados y finalmente por el desierto de Chihuahua: su hijo Pepito muere de pulmonía en la lejana Nueva York; Lincoln vence a sus enemigos del sur pero muy poco después es asesinado en una función de teatro. El panorama no podía ser más negro para los republicanos, pero en 1866 las cosas cambiaron: Napoleón III retira a su ejército, la iglesia da la espalda a Maximiliano por sostener las Leyes de Reforma y los republicanos comienzan a vencer en todas las plazas del norte de México

El mes de febrero de 1867 fue decisivo en la lucha, pues los dos bandos se establecen en un territorio relativamente breve para su enfrentamiento final: Maximiliano en Querétaro y Benito Juárez en San Luis Potosí. Comienza el tercer acto de esta larga y fatigosa lucha. Faltaban todavía cinco meses para la debacle.



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