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Los hombres guapos no bailan


En la famosa fotografía de la Conferencia de Yalta en la Segunda Guerra Mundial, donde aparecen Churchill, Stalin y Roosevelt, el presidente de los Estados Unidos no disimula su incomodidad, no de estar con estos dos hombre que de suyo le eran antipáticos, sino por un estómago atrofiado por la paraplejia que afectaba el funcionamiento de sus intestinos y vejiga, tras veinte años de poliomielitis contraída mientras nadaba en aguas estancadas en 1921.


La enfermedad, sin embargo, no fue impedimento para proseguir una brillante carrera política donde por supuesto hubo dolorosas derrotas, pero también grandes e importantes victorias.


Franklin Delano Roosevelt, que muere el 12 de abril de 1945, fue la historia de un político alto, guapo y carismático; con facilidad de palabra, el joven neoyorquino fue un funcionario exitoso desde joven como secretario adjunto de la Marina en 1914, donde fundó las reservas y llegó a ser el más alto mando por su gran talento administrativo, por encima, incluso, del Secretario de Marina en el curso de la Primera Guerra Mundial.


Siempre con ayuda de su poderosa y dominante madre y de una esposa fiel que aguantó sus numerosas infidelidades, Eleonor, la carrera política de Franklin Delano Roosevelt, a pesar de su poliomielitis, toma altura con su designación como gobernador de Nueva York, que lo catapulta para ocupar la presidencia de los Estados Unidos hasta por cuatro veces entre 1933 y 1945, muriendo en funciones un día como hoy a pocos meses de terminarse la Segunda Guerra Mundial, a los 63 años de edad.


Roosevelt es un ejemplo emblemático del político estadounidense que supo combinar su simpatía con la audacia estratégica. Toma el poder de su país a escasos meses del gran crack de 1929 e implementa un programa económico de grandes dimensiones con la construcción de infraestructura que genera los ansiados empleos desaparecidos con la crisis. Al parecer, su nuevo trato (New Deal) no tuvo un gran éxito económico, pero sí logró fortalecer la base social y obtener al apoyo de los poderosos sindicatos que, combinados con su amplio conocimiento del ejército, lo llevó con ventaja a la Segunda Guerra Mundial de donde los Estados Unidos resultan convertidos en la potencia económica mundial que todavía es y en lo que Roosevelt no es ajeno en absoluto.



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