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Rueda pelota rueda


Dice el lugar común que la historia la escriben los ganadores. Y por algo es común. Cuántos inventos chinos o árabes pasan hoy por europeos, para no hablar de las materias primas del continente americano que los “ganadores” se apropiaron olímpicamente.


Este aspecto cobra relevancia en los deportes, donde los ingleses propusieron las reglas generales de una práctica común en el mundo de patear un esférico y que hoy se siguen a nivel mundial. Porque si hablamos de pelotas, sin albur, pues hasta los delfines juegan a la pelota, pero entre los humanos ha sido habilitada con toda clase de elementos, de cocos a hule primitivo, pasando por telas, madera, cuero, una que otra cabeza y la moderna confección de balones de plásticos y fibras sintéticas.


El 17 de abril de 1886 se crea la International Football Association Board con reglas claras sobre el funcionamiento que se habían venido discutiendo cincuenta años antes. “Prohibido el uso de armas en los partidos”, “estrictamente prohibido el asesinato del contrario”, etc., porque habría que ver la violencia que privaba en el deporte antes de formalizar estas reglas. En el México antiguo el equipo perdedor era pasado por las armas, eso sí, con honores. De tal forma que se pusieron todos a jugar. Veinte años después se crea la FIFA y tuvieron que pasar cincuenta largos años para la organización del primera Copa Mundial de Futbol. Al parecer valió la pena.


Hoy, el futbol traslada a una cancha las aprensiones de millones de fanáticos que vuelcan sobre la pelotita todas sus frustraciones de la semana. Se fabrican dioses temporales, súbitos villanos y vanas esperanzas de naciones enteras. Es el nuevo opio de los pueblos en donde siempre ganan, coincidentemente, los redactores de la historia.



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