Ir al contenido principal

Día del Llanto



Si fuéramos consecuentes con la Historia hoy debería ser nombrado el Día del Llanto o el de la tristeza. Pero nunca fuimos consecuentes. Octavio Paz deplora, y con razón, una clase de hipocresía histórica de los mexicanos que considera el periodo colonial como un lapso en el que estuvimos “gobernados” por los españoles que llegaron en 1521 y que después “corrimos” en 1824. Claro, todos sabemos que después de la “visita” los mexicanos terminamos hablando su idioma y pidiendo fabada para el fin de semana. Es decir, se quedaron los hijos de aquellos españoles para someter de la misma forma a los pueblos originarios, a los que hasta el día de hoy llama indígenas y en los momentos emotivos y patrioteros se refiere a ellos como “hermanos”.

En la semifinal del futbol de la semana pasada un aficionado irrumpió en la cancha y propició una bronca entre los futbolistas. El locutor de TV Azteca, en su restringida búsqueda de adjetivos para denostar al invasor lo llamó “aborigen”; no es para sorprenderse, el insulto más recurrente en los conflictos automovilísticos de nuestras calles es “pinche indio”, etc.

El 20 de mayo 1520, durante la fiesta de Tozcatl o renacimiento de Tezcatlipoca, cuando estaban reunidos los nobles mexicas en el Templo Mayor, Pedro de Alvarado aprovechó para atacarlos y apoderarse de sus joyas. Ahí fueron masacrados cerca de 450 nobles aztecas en lo que se conoce como la Matanza del Templo Mayor. Fue tan grave y cruenta la masacre, que Bartolomé de las Casas escribió conmocionado veinte años después: “les desgarraron la cabeza: les rebanaron la cabeza, enteramente hecha trizas quedó su cabeza. Los nobles iban arrastrando los intestinos y parecían enredarse los pies en ellos” (…) “de aquí a que se acabe el mundo o ellos del todo se acaben, no dexarán de lamentar y cantar”.*

El mundo no se ha acabado y nosotros tampoco nos hemos acabado “del todo”, aunque hacemos un gran esfuerzo, pero en realidad la matanza del Templo Mayor no merece la más modesta ceremonia de nadie, banderas a media hasta, un minuto de silencio, un monumento, una canción, una plegaria, bueno, ni siquiera un recuerdo periodístico, aún cuando la crónica de la barbarie no deja duda del martirio y heroicidad de “nuestros ancestros”.


* Miguel León-Portilla, La Visión de los vencidos.






Comentarios

Entradas populares de este blog

El Tentzo

El taller de la FEEP de Tzicatlacoyan, con financiamiento de la ONG española Ayuda en Acción, concluyó su escultura de papel maché con la representación del Tentzo, figura mítica de origen prehispánica situada en la parte alta del kiosco de la plaza principal de la comunidad de San Juan Tzicatlacoyan, Puebla. De acuerdo con la investigadora Antonella Fogetti ( Tenzonhuehue: El simbolismo del cuerpo y la naturaleza ), El Tentzo es una entidad “mitad dios y mitad no”, deidad antigua intrínsecamente buena, dadora de dones, que de acuerdo a la tradición tiene la facultad de asumir diferentes apariencias: catrín, charro, viejo barbón, anciana, mujer hermosa o animales diversos, que también podría ser interpretado como el famoso nahual o entidad similar. Hoy todos niegan venerar al Tentzo, pero las ofrendas periódicamente depositadas en su honor refieren todo lo contrario. Es una suerte de deidad negada pero viva, vigente. El Tentzo, cuyo nombre ostenta una montaña y la propia cordi...

Tratado de Bucareli

Tras haber cumplido tres años de gobierno, el 31 de agosto de 1923 el gobierno de Álvaro Obregón consigue reanudar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, de vital importancia para su gobierno, pero con una condición: la firma de un tratado que el senado mexicano había rechazado en primera instancia, pero que las presiones del gobierno y el asesinato del senador Fidel Jurado obligan a dar un viraje y aceleraron su aceptación. Durante años busqué el texto completo de este tratado que en la universidad nos había sido contado de manera inexacta. Ignoro las razones que suscitaron esa versión, que entre muchas escandalosas cláusulas reasaltaba una en la que se prohibía a México la producción de motores de combustión interna que prácticamente paralizaban el principal avance tecnológico de las primeras décadas del siglo XX. Como era de esperarse, neceé durante varios años y hasta pulí mi argumentación pues era un elemento clave a mi parecer para explicar el enanismo tecnológico de...

Resortes ocultos

Cuando estudiaba en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), en los años ochenta, Octavio Paz se atrevió a emitir unos juicios críticos sobre los antropólogos, la escuela en su conjunto reaccionó con indignación, incapaz de meditar en las palabras del escritor. Lo llenamos de vituperios y lo menos que le dijimos fue que era un aliado de Televisa, vocero de la derecha y cosas por el estilo. Muy pocos o ninguno leyó críticamente sus argumentos, por desgracia. Recuerdo que, entre lo más hiriente, Paz decía que la escuela se había convertido en una pasarela de modas de una clase media hippiosa y que todo se discutía ahí, menos la antropología mexicana. Yo terminaba entonces la carrera y buscaba afanosamente quién me dirigiera la tesis de, por cierto, antropología mexicana. No encontré ningún maestro interesado, ni ahí ni el Ciesas, donde por supuesto había algunos estudiosos del tema, pero que no tenían tiempo para un estudiante de licenciatura. Me dediqué entonces a ver a nu...