PARTE UNO (de dos)
El año de 1930 Puebla lo amaneció con elegantes faroles tipo “Hollywood” que fueron la avanzada de una industria cinematográfica que marcaría la década. Olvídense de los pianitos amenizando las imágenes mudas en las pantallas de los cines Variedades, del Colonial o el Guerrero, ahora sería posible escuchar de viva voz la actuación de los actores, los balazos y los rechinidos de los veloces automóviles. Por si fuera poco, la radio crecía vertiginosamente y la perfecta señal de la XEX y, muy poco después, la XEW, nos mostraban a todos lo que antes era sólo privilegio de unos cuantos adultos: la música mexicana en todo su esplendor, con famosas figuras como Lucha Reyes, la Orquesta del maestro Miguel Lerdo de Tejada y los nuevos valores de nuestra bohemia encabezados por José Mojica, Alfonso Ortiz Tirado y el inigualable Agustín Lara. Pero no parábamos aquí, traspasamos entonces las fronteras de una inimaginable globalización y el cine estadounidense se encargó de mostrarnos imágenes inéditas del mundo que, simplemente, no habíamos podido imaginar. Tarzán el hombre mono y sus aventuras en las selvas de África rodeado de animales salvajes; o las salvajes aventuras de hermosas estrellas femeninas que encendían toda clase de pasiones masculinas.
El año de 1930 Puebla lo amaneció con elegantes faroles tipo “Hollywood” que fueron la avanzada de una industria cinematográfica que marcaría la década. Olvídense de los pianitos amenizando las imágenes mudas en las pantallas de los cines Variedades, del Colonial o el Guerrero, ahora sería posible escuchar de viva voz la actuación de los actores, los balazos y los rechinidos de los veloces automóviles. Por si fuera poco, la radio crecía vertiginosamente y la perfecta señal de la XEX y, muy poco después, la XEW, nos mostraban a todos lo que antes era sólo privilegio de unos cuantos adultos: la música mexicana en todo su esplendor, con famosas figuras como Lucha Reyes, la Orquesta del maestro Miguel Lerdo de Tejada y los nuevos valores de nuestra bohemia encabezados por José Mojica, Alfonso Ortiz Tirado y el inigualable Agustín Lara. Pero no parábamos aquí, traspasamos entonces las fronteras de una inimaginable globalización y el cine estadounidense se encargó de mostrarnos imágenes inéditas del mundo que, simplemente, no habíamos podido imaginar. Tarzán el hombre mono y sus aventuras en las selvas de África rodeado de animales salvajes; o las salvajes aventuras de hermosas estrellas femeninas que encendían toda clase de pasiones masculinas.
El municipio de Puebla contaba con
124,013 habitantes e iniciaba la verdadera era de la aviación con todo y el glamur
para los elegantes ejecutivos. Para esto se construyó un campo de aviación y se
fundó la Colonia de Ingenieros en lo que era el
Rancho de Toledo, para profesionistas y empresarios. La Ley de Nuevos Centros de Población Agrícola en
1932 potenció el crecimiento demográfico del territorio municipal con una
intención urbanística avanzada, que preveía que en cada Centro de
Población Agrícola se creara una zona urbana compuesta de tantos solares como
lotes de cultivo fueran necesarios, además el espacio destinado para calles,
mercados, escuelas y demás servicios públicos. La
urbanización de la colonia El Carmen, segunda época, empezó el 15 de noviembre
de 1935 con este criterio, que por desgracia no permanecería mucho tiempo en la
práctica.
El Monumento de la Fundación de Puebla se
erigió de 1931 a
1935 y, como se programó, en 1932 se conmemora el IV Centenario de la fundación
de la ciudad. Se construye el Mercado del Alto y se abre el Museo de Guerra en
el Fuerte de Loreto y las Fuentes del Paseo Bravo.
En
esta década gobernaron la entidad dos personajes singulares que se adaptaron a los aires de
guerra que llegaban de Europa. Primero gobernó Jesús Zafra, pero sobre todo es
el sexenio de los gobiernos de los hermanos Ávila Camacho, empezando por el
célebre Maximino, que gobernó Puebla de 1937 a 1940;
Rafael, que fue presidente municipal de 1939 a 1941 y Manuel, que
gobernó México desde 1940. La ciudad de Puebla, por su parte, fue gobernada por
Sergio B. Guzmán y Joaquín Blasco Álvarez.
Por
estos años se abren más fraccionamientos y se fundan colonias como Las Flores,
Santa María y Morelos en 1930; Cinco de Mayo, Modelo, Motolinía, Guerrero,
Francisco Villa, Aviación, del Maestro, del Ingeniero, San Miguel Pajaritas y
Benito Juárez, 1932; Cristóbal Colón y Chula vista, 1933; Unión y Progreso,
1935; Azteca, 1936 e Insurgentes en 1937.
La década de los treinta sería la
última fase de una ciudad pequeña que permanecía en dimensiones similares a las
de la colonia, que hoy conocemos como centro histórico. La mancha urbana se
extendía en un radio de un kilómetro y medio a partir del zócalo. Al finalizar
los años treinta esta situación iba a cambiar para siempre jamás. (1) Así lo
recuerda Rosita Gastelum detrás de unos anteojos que ya no le sirven más que de
adorno:
“Los jueves íbamos al zócalo, y ahí
nos reuníamos en el kiosco a oír la música, jueves y domingo, la orquesta del
estado, uniformados. Tocaban valses. Era bonito. La gente era muy apacible, muy
humana. Yo iba al mercado La
Victoria. Ahí tenía que ir por la verdura de todos los días,
jitomate, cebollas, pollo. Era muy bonito. Después lo descompusieron mucho
porque se amontonó mucho vendedor. Pero yo lo conocí con sus calles muy
limpias. Todos los días iban los bomberos a hacer limpieza. Los caños. Metían
sus mangueras en los caños. Estaba muy bonito y no había la aglomeración que
hubo después. Creo que en toda la república no había un mercado como ese. Pero
llegaron los vendedores de flores que acumularon ahí, con sus coronas, tapaban
mucho los vidrios del kiosco.”
Hay productos que hacen moda y,
definitivamente, en los años treinta los poblanos y las poblanas consumieron
mucho chocolate “Pavorreal”, que vendían en la tienda Lexus supuestamente a
precio de fábrica. Y para los señores cerveza Moctezuma con su variedad de
marcas: Sol, XX, XXX, Superior. Se podían comprar por cartón en la Agencia ubicada en Avenida
Reforma 211, que atendía personalmente la señora viuda de Federico Gutiérrez,
singular denominación que usaba en los anuncios. Productos menos populares pero
imprescindibles en toda clase de ceremonias, como los pabellones y estandartes
pintados o bordados para agrupaciones civiles u obreras, en El Havre de la
familia Couttolenc en el Portal Hidalgo número 14, que también vendía banderas
de lana para edificios y gallardetes, entre otras especialidades. Y la gran
novedad en electrodomésticos que ya de antes expendían refrigeradores y
lavadoras, ahora el Almacén Benítez, en Av. Reforma 312, ponía a nuestra
disposición los novedosos radios Crosley y Zenith modelo 1938. Por último, nada
como la limpieza personal: Baños del Paseo Bravo, los únicos en Puebla de agua
potable y sulfurosa, le ofrecen esta semana el baño Ruso Especial para
familias. Aproveche y, mientras se baña, ¡le planchamos su traje!, 13 Sur 703.
(2)
Con la llegada de los camiones
urbanos a la ciudad de Puebla, se fue normalizando el servicio hasta 1923,
contando además con seis líneas y logrando obtener la mayor importancia entre
la ciudadanía cuando los tranvías fueron retirados de circulación; aunque cabe
señalar que la mayoría de la gente aun se trasladaba caminando hacia distintos lugares de la ciudad; cuando fueron retirados
los tranvías de mulitas esto permitió la repavimentación de la ciudad a partir
de 1931. En 1920 se funda la primera cooperativa de transporte público llamada:
Unión Camionera de Puebla, cuya dos primeras rutas fueron: Santiago Colonias y
Circuito y Estaciones, posteriormente.
Aunque en 1931 se funda la línea de
autobuses suburbanos los llamados Rápidos de Puebla, en Mayorazgo en los años
treinta aún se continuaba utilizando el ferrocarril industrial también conocido
como “la plataforma”, que transportaba el algodón para su transformación en
telas e hilados; cuando el material era procesado se utilizaba igualmente la
plataforma para su traslado. La plataforma salía de la antigua estación del
ferrocarril, lo que hoy es la 11 Norte,
entre las calles 12 y 14 Poniente, haciendo el recorrido por Santiago, La Noria, Panteón Municipal y
la fábrica El Mayorazgo. Los habitantes de los alrededores de dicha fábrica, en
pocas ocasiones utilizaban los tranvías jalados por dos mulas que aún
funcionaban para el traslado de la gente a finales de los años treinta, ya que
preferían caminar hasta el centro de la ciudad de Puebla. La mayoría de la
gente aun se trasladaba caminando hacia distintos lugares de la ciudad; cuando
fueron retirados los tranvías de mulitas esto permitió la repavimentación de la
ciudad a partir de 1931. (3)
Citas:
1) Desarrollo metropolitano, análisis y perspectivas. Sergio Flores
González (compilador), BUAP, 1993, p. 276- 278
3) Vida cotidiana e historia de una
colonia obrera: Mayorazgo 1931-1946, Ángel Amador Martínez, en http://www.peu.buap.mx/
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