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Milagros domésticos


Se averió la bomba de agua. Desde hace un mes venía gastando un ojo de la cara encenderla cada vez. No arrancaba a la primera, hacía el ruido eléctrico pero no subía el agua por el tubo hasta que, en un momento dado, comenzaba a subir, el sonido en un caso u otro era completamente distinto. Me hice un experto en hacer el contacto adecuado para que encendiera, era un toque fino de la clavija y el enchufe, era cosa de meterlo de ladito, intentarlo varias veces hasta que encendía la bendita bomba y podíamos seguir lavando todas las bendita cosas que hay que lavar en la bendita vida. Como sea, sin agua no hay caso. Le quité dos tornillos de la tapa y miré dentro, había una especie de bobina con cables, pensé que podría cambiar esa pieza a ver si se arreglaba el encendido, después aprendí que era la propia máquina la que no sonaba, y que ahora, tampoco encendía.

Le hablé a Juan Carlos, mi amigo plomero. Fuimos a comprar otra bomba.



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