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Boquitas pintadas

 


Cuando fui estudiante universitario entre los años setenta y ochenta asumí una moda “feminista” de la época que deploraba el maquillaje de las mujeres, comencé a preferir a las muchachas sin maquillaje porque sentía que una chica pintada era un símbolo del consumismo y del voraz capitalismo que también deplorábamos con titubeante y selectiva inconsistencia. Me quedé un poco en ese prejuicio, pues aún me gustan las mujeres sin maquillaje, pero el avance está en que me gustan también con maquillaje y definitivamente me repelen los hombres que lo usan, otro prejuicio, lo sé. No es algo en lo que haya pensado mucho, por eso mis sentimientos siguen siendo muy primitivos. Nunca se me ocurrió reprimir el uso del maquillaje (¡como si pudiera!), y Marú y ustedes las mujeres de mi mundo siempre me han gustado con y sin maquillaje, es decir, no es un prejuicio arraigado y creo que nunca seré dogmático a ese respecto, pero esta mañana he visto este delicioso documental francés, producido por alemanes, que me deja un grato sabor a bilé en la boca, un entendimiento histórico sobre el pintalabios que en definitiva me hace cambiar de opinión. O tener alguna, pues no estoy seguro que antes tuviera ninguna. El bilé como las medias nylon y las diversas toallas me son ajenas y carezco de opinión. Pero me encantan las caras pintadas, las máscaras de la vida, los protagonismos y el teatro del arte humano, un rostro pintado que es indicio de tantas cosas.

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