Ir al contenido principal

Julio


Esta es la historia de un delito impune que ocurrió en febrero de 1981, cuando estabas en el vientre de tu madre y a mí se me ocurrió atropellarlos con un Renault amarillo que tus papás le habían comprado a tu abuelito. Era un vehículo bastante conflictivo, yo había intentado comprarlo un año antes pero a los cuantos kilómetros de recorrido no quiso andar más, así que me lo cambiaron por un vochito anaranjado (76), que fue mi verdadero primer vehículo, pero todo eso motivó que el Renault estuviera a mi nombre, así que en caso de haber huido de la escena del crimen (digamos, si viviéramos en Estados Unidos), hubiera sido rápidamente aprehendido. Pero no ocurrió nada de eso, primero porque no huí, y segundo, porque vivíamos en este país en donde el 99 % de los delitos queda impune. Lo que no quita que me hayas puesto el primer gran susto de tu vida.

Vivíamos en una destartalada casa de Santiago Zapotitlán, delegación Tláhuac, donde el aire daba vuelta pero no lo hacía ningún camión repartidor de gas, de tal forma que había que ir a cazarlo, a veces hasta Xochimilco, a bastantes kilómetros de distancia. Martha y yo teníamos mala suerte en este asunto de buscar el gas, pero éramos, digamos, los encargados. Antes, en esa búsqueda, nos había chocado un taxi que decidió pasarse un tope de ocho metros de altura a cien kilómetros por hora. Del otro lado del tope estábamos nosotros. La cabeza de Martha rebotó en mi dura cabeza, lo que me dejó un chichoncito imperceptible; ella, en cambio, tuvo el ojo morado más de una semana. Y, además, tuvo que pagar dos mil pesos del choque porque, de acuerdo a la circulación de las avenidas, yo había sido el culpable al atravesarme.

Total que este día nos preparábamos para ir a buscar gas. Martha, de ocho meses de embarazo de ti, se animó a acompañarme, pues conocía las rutas de algunas comercializadoras de gas, e incluso una decena de placas de circulación, de acuerdo a su costumbre. La cosa es que ya pesabas bastante, tu mamá caminaba con ese pasito garboso que suelen tener las mujeres en ese estado, y se movía, protegiéndote, de acuerdo a las circunstancias. Pero lo dicho, el carro no era de fiar. Le abrí el cofre y ella se puso a moverle no sé qué fierrito, pues no arrancaba fácilmente. Cuando lo logró, me ordenó desde la calle: “Préndelo, Polo”. Yo, como se aprecia, con menos participación en la operación, encendí el motor, pero como era un carro muy traicionero –o de plano no me quería a mí-, sucede que estaba en primera, por lo que el vehículo respingó y el pie derecho de Martha quedó debajo de la rueda derecha delantera. Nomás vi cómo desapareció y sólo quedó ante mi, como único paisaje, aquella calle de terracería llena de charcos y casitas tercermundistas. De pronto vi el copetito de Marta, que se asomaba a la altura de la salpicadura; me gritaba: “échate para atrás, échate para atrás…”. Afortunadamente el carro sí encendió, por lo que metí reversa y me eché para atrás, liberándote a tí y a Martha. Menudo susto. Aprecié por primera vez que eras un muchacho con suerte. A las cuatro semanas naciste, el 2 de Marzo de 1981, y como eras un bebé no muy agraciado, todo mundo coincidió en que eras igualito a mí. Y sí, tenías cara de rana, pero fuiste un muchacho simpático, discreto sobrino, de un aún más discreto tío que era un jovencito de 23 años que trataba de entender las razones esenciales de la vida y –en mi opinión-, no tuvo mucho tiempo disponible para atender mejor a ese pequeño que tú fuiste. Es decir, me hubiera gustado ser un mejor tío de lo que –acaso- fui.

Ahora tú eres un joven viajero, experimentado y complejo. Y yo estoy muy orgulloso de ti. No hay día que no me alegre de que aquel accidente en el que tuvimos nuestro primer contacto, digamos personal, haya sucedido como sucedió. Y antes de ser un criminal feliz de su delito, soy el feliz criminal cuyo delito fue haberme presentado ante mi sobrino de una forma, sí brusca, pero venial. De ahí p´al real. Felicidades donde quiera que estés.


Comentarios

  1. ¡No me acordaba de esa historia!, y ciertamente nuca la había oido contada asi.

    ResponderEliminar
  2. Gracias tio, tal vez ese atropello explica por que tenía miedo de salir a este mundo y la ansiedad por alejarme del DF.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

El Tentzo

El taller de la FEEP de Tzicatlacoyan, con financiamiento de la ONG española Ayuda en Acción, concluyó su escultura de papel maché con la representación del Tentzo, figura mítica de origen prehispánica situada en la parte alta del kiosco de la plaza principal de la comunidad de San Juan Tzicatlacoyan, Puebla. De acuerdo con la investigadora Antonella Fogetti ( Tenzonhuehue: El simbolismo del cuerpo y la naturaleza ), El Tentzo es una entidad “mitad dios y mitad no”, deidad antigua intrínsecamente buena, dadora de dones, que de acuerdo a la tradición tiene la facultad de asumir diferentes apariencias: catrín, charro, viejo barbón, anciana, mujer hermosa o animales diversos, que también podría ser interpretado como el famoso nahual o entidad similar. Hoy todos niegan venerar al Tentzo, pero las ofrendas periódicamente depositadas en su honor refieren todo lo contrario. Es una suerte de deidad negada pero viva, vigente. El Tentzo, cuyo nombre ostenta una montaña y la propia cordi...

Tratado de Bucareli

Tras haber cumplido tres años de gobierno, el 31 de agosto de 1923 el gobierno de Álvaro Obregón consigue reanudar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, de vital importancia para su gobierno, pero con una condición: la firma de un tratado que el senado mexicano había rechazado en primera instancia, pero que las presiones del gobierno y el asesinato del senador Fidel Jurado obligan a dar un viraje y aceleraron su aceptación. Durante años busqué el texto completo de este tratado que en la universidad nos había sido contado de manera inexacta. Ignoro las razones que suscitaron esa versión, que entre muchas escandalosas cláusulas reasaltaba una en la que se prohibía a México la producción de motores de combustión interna que prácticamente paralizaban el principal avance tecnológico de las primeras décadas del siglo XX. Como era de esperarse, neceé durante varios años y hasta pulí mi argumentación pues era un elemento clave a mi parecer para explicar el enanismo tecnológico de...

Resortes ocultos

Cuando estudiaba en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), en los años ochenta, Octavio Paz se atrevió a emitir unos juicios críticos sobre los antropólogos, la escuela en su conjunto reaccionó con indignación, incapaz de meditar en las palabras del escritor. Lo llenamos de vituperios y lo menos que le dijimos fue que era un aliado de Televisa, vocero de la derecha y cosas por el estilo. Muy pocos o ninguno leyó críticamente sus argumentos, por desgracia. Recuerdo que, entre lo más hiriente, Paz decía que la escuela se había convertido en una pasarela de modas de una clase media hippiosa y que todo se discutía ahí, menos la antropología mexicana. Yo terminaba entonces la carrera y buscaba afanosamente quién me dirigiera la tesis de, por cierto, antropología mexicana. No encontré ningún maestro interesado, ni ahí ni el Ciesas, donde por supuesto había algunos estudiosos del tema, pero que no tenían tiempo para un estudiante de licenciatura. Me dediqué entonces a ver a nu...