Ir al contenido principal

Techo


La primera quinceañera que recuerdo es a mi hermana Belina, en 1969. Sin ser nuestra familia demasiado tradicionalista, el festejo no se salvó de una solemne misa en el templo parroquial, una sesión fotográfica en el estudio fotográfico de Liborio Ronquillo y una humilde pero concurrida fiesta en tres o cuatro espacios de nuestra casa, muy pequeños cada uno. A mis once años aquello fue todo un acontecimiento. Con el tiempo asistí a los quince años de compañeras mías en la secundaria e, inevitablemente, sobrevinieron los míos propios, que por ser hombre (además de ser enano y parecer un niño de once años), pasaron sin pena ni gloria.

Sin duda mi hermana Belina era una señorita hecha y derecha, como tú, pero todo entonces era más sencillo, árido, uno llegaba a sus quinceaños sin intereses propios definidos, sin inquietudes intelectuales claros, con gustos musicales y artísticos muy difusos, definidos por una pobrísima comunicación social, revistas muy modestas y en general un entorno poco avezado a la aventura humana. Así son mis recuerdos de aquellos tiempos, seguramente parciales y poco objetivos, pero cuando pienso en ustedes, mis hijas, y las veo crecer, el único parangón que tengo para oponer a esta experiencia son mis recuerdos. Con ellos he tratado de imponer justicia y equidad en el desarrollo de sus vidas, no sea si sea un método adecuado, pero es el único que se me ocurre. Permisos, licencias y uno que otro abuso lo resuelvo junto a mamá imaginando nuestras propias adolescencias. ¿Nosotros qué hubiéramos querido? ¿cómo reaccionaríamos? ¿qué desearíamos de nuestros padres? Y probablemente no sea tan malo el tal método, pues tú haz crecido sana e interesante, haz creado una personalidad propia y definida y te defiendes del mundo como todo padre desea que su hija lo haga, con dignidad y certidumbre, al igual que Luz.

Hoy cumples quince años y no deseas fiesta, ni misa, ni nada, aceptando con humildad lo poco que nuestra actual pobreza puede darte. Lo que veo es una jovencita muy madura y adelantada, que nos ha obligado a adaptarnos a los tiempos porque la simple comparación con aquellos adolescentes de los primeros años de los setenta no alcanza para llegar a un juicio aceptable. A los 15 años nosotros no habíamos leído los libros que tú haz leído ni visto la décima parte de lo que tú haz visto: música, arte, cine, conversaciones familiares de tus interesantes tíos y amigos familiares. Años luz de distancia. Cumples quince años y cuando la revolución hormonal te lo permite somos colegas de la vida y nos reímos, hablamos y disfrutamos de la vida. Mi admirado Fernando Savater explica que no puede ser amigo de su hijo porque no tiene sus mismos gustos musicales, sus mismos gustos de vestuario y sus mismos amigos. Tiene razón, seguramente, pero, salvo con tus amigas, que no tienen por qué serlo mías, veo con sorpresa que nuestros gustos musicales son los mismos y en más de una ocasión nos hemos encontrado vestidos de la misma forma, hasta con los mismos colores. Entonces no sé. En verdad, sólo he querido ser un papá eficiente y amoroso, así que nuestra amistad es un regalo suprageneracional que no esperaba, pero que me encanta.

Techo, disfruta cada minuto de este día. Felicidades por esta nueva etapa de tu vida, espero que seas muy feliz y que sigas creciendo con provecho y con inteligencia, como hasta ahora.



Comentarios

  1. yo digo que la llevemos a misa....no le vendria mal...a lo mejor y asi se le sale el chamuco jajajaja

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

El Tentzo

El taller de la FEEP de Tzicatlacoyan, con financiamiento de la ONG española Ayuda en Acción, concluyó su escultura de papel maché con la representación del Tentzo, figura mítica de origen prehispánica situada en la parte alta del kiosco de la plaza principal de la comunidad de San Juan Tzicatlacoyan, Puebla. De acuerdo con la investigadora Antonella Fogetti ( Tenzonhuehue: El simbolismo del cuerpo y la naturaleza ), El Tentzo es una entidad “mitad dios y mitad no”, deidad antigua intrínsecamente buena, dadora de dones, que de acuerdo a la tradición tiene la facultad de asumir diferentes apariencias: catrín, charro, viejo barbón, anciana, mujer hermosa o animales diversos, que también podría ser interpretado como el famoso nahual o entidad similar. Hoy todos niegan venerar al Tentzo, pero las ofrendas periódicamente depositadas en su honor refieren todo lo contrario. Es una suerte de deidad negada pero viva, vigente. El Tentzo, cuyo nombre ostenta una montaña y la propia cordi...

Tratado de Bucareli

Tras haber cumplido tres años de gobierno, el 31 de agosto de 1923 el gobierno de Álvaro Obregón consigue reanudar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, de vital importancia para su gobierno, pero con una condición: la firma de un tratado que el senado mexicano había rechazado en primera instancia, pero que las presiones del gobierno y el asesinato del senador Fidel Jurado obligan a dar un viraje y aceleraron su aceptación. Durante años busqué el texto completo de este tratado que en la universidad nos había sido contado de manera inexacta. Ignoro las razones que suscitaron esa versión, que entre muchas escandalosas cláusulas reasaltaba una en la que se prohibía a México la producción de motores de combustión interna que prácticamente paralizaban el principal avance tecnológico de las primeras décadas del siglo XX. Como era de esperarse, neceé durante varios años y hasta pulí mi argumentación pues era un elemento clave a mi parecer para explicar el enanismo tecnológico de...

Resortes ocultos

Cuando estudiaba en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), en los años ochenta, Octavio Paz se atrevió a emitir unos juicios críticos sobre los antropólogos, la escuela en su conjunto reaccionó con indignación, incapaz de meditar en las palabras del escritor. Lo llenamos de vituperios y lo menos que le dijimos fue que era un aliado de Televisa, vocero de la derecha y cosas por el estilo. Muy pocos o ninguno leyó críticamente sus argumentos, por desgracia. Recuerdo que, entre lo más hiriente, Paz decía que la escuela se había convertido en una pasarela de modas de una clase media hippiosa y que todo se discutía ahí, menos la antropología mexicana. Yo terminaba entonces la carrera y buscaba afanosamente quién me dirigiera la tesis de, por cierto, antropología mexicana. No encontré ningún maestro interesado, ni ahí ni el Ciesas, donde por supuesto había algunos estudiosos del tema, pero que no tenían tiempo para un estudiante de licenciatura. Me dediqué entonces a ver a nu...