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La parajoda


No puedo acabar de asimilar las palabras del secretario de hacienda mexicano, Agustín Cartens, me parecen tan absurdas como si un chef dijera que elabora los platillos más malos de los últimos treinta años; o que un director técnico dijera que el equipo que dirige es el más malo en tres décadas. “México, ante el shock financiero más grave en 30 años”, es una declaración patética de un hombre doble pechuga que lleva tres años encargado de las finanzas nacionales sin que éstas no sólo no mejoren, sino que cada vez se ven peor, al grado de sonsacarle una declaración de esta naturaleza. ¿Hasta cuando será posible que empresas gigantescas no paguen impuestos, como la farmacéutica, que la venta de un banco no genere un quinto de impuestos, que el comercio informal, los ambulantes, que no son importadores, reciban su dotación semanal de contrabando sin que se haga nada, que no se toquen las inversiones “legales” de las diversas mafias que controlan la economía, que no se detecten los enormes flujos financieros del narcotráfico? El secretario Cartens se concreta a señalar el “hoyo” de casi 800 mil millones de pesos y gritar que es el shock financiero más malo en tres décadas. El presidente Calderón nos muestra una vez más su enorme incapacidad para gobernar un país complejo como el nuestro; inutilidad política, técnica, intelectual. Ve en la situación del turismo nacional, cuando todos los países se preparan para el segundo ramalazo del virus H1N1, el encargado del turismo nacional dice que el virus “es cosa del pasado”; el de Trabajo que “lo peor de la situación ya pasó”; el de Educación besando e inclinándose ante la maestra Gordillo. Mientras esto ocurre el presidente, valentón, pide “una sola prueba” de las violaciones a los derechos humanos del ejército, cuando hemos visto un rosario de crímenes sin castigo de tiempo atrás, tan sólo en su trienio, desde la violación de la anciana por militares en Veracruz, la familia acribillada en Sinaloa, las prostitutas violadas, etcétera, y éste pidiendo “una sola prueba”. Lo peor para los mexicanos no es que carezcamos de empleo y vivamos una creciente miseria en nuestro entorno familiar, sino que carecemos absolutamente de esperanza. Cualquier deseo, por sencillo que sea, para nosotros es ciencia ficción, fantasía libre. Y ni modo de confiar en la siguiente mayoría, ahora de priístas, pues ya sabemos que no harán otra cosa que cuidar sus prolongados intereses cuyo éxito consiste, paradójicamente, en que las cosas sigan igual. Antes bien, verán cómo subirse sus insultantes sueldos, cómo acumular mayores privilegios, torcer la ley de transparencia, preparar el agandalle de la próxima elección. Este ciudadano, o sea yo, no tiene la menor esperanza de que nada cambie, ni mejore, ni muestre siquiera signos de, algún día, comenzar a avanzar. No tenemos mejor recomendación a nuestros hijos y nietos de que estudien duro para que agarren una beca y puedan irse al extranjero a vivir otra realidad, menos surrealista. Acá nos quedaremos los viejos a intentar no morirnos de hambre, a vivir la breve felicidad que nos depara la gente verdadera, siempre solidaria, que ya conforma hoy una mayoría aplastante. La paradoja es que no aplasta nada esa mayoría, se aplasta a sí misma, pues no cree en elecciones, no cree en los políticos, no cree en nada. Esa es la parajoda nacional de este país.


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