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Armar la tremolina


Ernesto Lecuona tuvo un litigio muy prolongado con un pirata gringo que le robó descaradamente una de sus canciones y la registró en los Estados Unidos. Lecuona perdió. El autor de María la O y Siboney es uno más de los artistas despojados de su obra, especialmente en el negocio musical, donde es posible observar abusos de diversa naturaleza, como el primer contrato de Pedro Infante absolutamente leonino a favor de su disquera, que le pagaba una bicoca, o las dificultades de Juan Gabriel con la propiedad de algunas de sus composiciones. Siempre ha estado ahí agazapado el abuso y el oportunismo para liquidar alguna jugosa transacción, aunque sea deshonesta.

Ahora resulta que la autoría del famoso chotis “Madrid” de Agustín Lara, supuestamente pertenece Rafael Oropesa, un músico de la Banda Municipal de Madrid de los años treinta, que andaba apurado de recursos en la ciudad de México y vendió al Flaco de Oro la famosa canción. Inexplicablemente murió seis años antes de que se estrenara, e incluso de que se escribiera, pues una de las esposas hoy sobrevivientes de Agustín (recuerda que le gustaban tiernitas), vio cuando la estaba haciendo en 1950.

El País informó el fin de semana que el caso se llevará a una comisión del Ayuntamiento de Madrid para abrir un juicio, y por el momento no hay quien haya tenido el juicio de detener lo que supuestamente “no les ha sentado bien” a los mexicanos y nos tiene con el alma en un hilo. No es así, por desgracia. La prensa por estos lugares se interesa ante todo por la sangre fresca, muertos en Juárez, futbolistas tiroteados, diputados racistas. Lo cierto es que no me ha tocado ver que el tema se trate de este lado del Atlántico, pero conmino al Ayuntamiento de Madrid a recapacitar en la conveniencia de seguir esa investigación. Estamos muy ocupados por acá para que nos agreguen una preocupación más. Y menos de un asunto de hace sesenta años. El autor de Madrid, como de Granada, Sevilla y otras canciones que componen la suite dedicada a España, fue Agustín Lara, lo que se puede comprobar con el simple hecho de leer la canción y compararla con algunas de sus decenas de boleros, donde se encuentra la portentosa cursilería poética de sus temas inmortales, profundamente larianos. Es como si les dijera que Los Churumbeles en realidad nacieron en Santiago Chalmimilulco y El Beso (que tú me diste) fue un corrido de Los alegres de Terán que esos señores vestidos de Joselito convirtieron en paso doble. Y es como si a ustedes en realidad les importara. Digno caso para ser tratado por Lupita Loaeza en su periodismo de investigación. Si buscan otra víctima, Ernesto Lecuona también escribió para España, no una suite, sino dos: Andalucía y la Suite española. Háganlo por Madrid, o por México, o por lo menos “por el sabor que tiene tus verbenas, por tantas cosas buenas que soñamos desde aquí”.



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