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Eclipse en Tlalmanalco


El 11 de Julio de 1991 no estaba seguro de apreciar la importancia de ver un espectáculo astronómico como el que ocurrió. Me pasó lo mismo con un cometa que observé en mi adolescencia. Mi hermano Jaime, más conciente de la historicidad de nuestras vidas, me levantó a las cinco de la mañana para que viera el cometa en el oriente del cielo cuauhtemense, bello de por sí. Lo vi por unos minutos en el desánimo de mi somnolencia y me volví a acostar, sin siquiera agradecérselo, pero con el paso de los años no tengo palabras para agradecerle aquella desmañanada, puesto que aquel cometa es el único que he visto en mi vida y mi memoria no flaquea cada vez que la fuerzo a recordarlo. Era del tamaño de dos lunas llenas, aunque por supuesto mucho menos ancho, blanco y brillante.

En 1991 era un adulto en forma, Luz había cumplido un año de nacida y vivíamos refugiados, coincidentemente, en la casa de Jaime y María en el antiguo pueblo de Tlalmanalco, Edo. de México. Nos enteramos por el periódico, pues que yo recuerde no había ni televisión, que tocaba a una amplia franja de México la observación de un eclipse total de sol. En mi niñez había visto uno parcial, en el que la luna apenas coqueteaba, tapándole un pedazo al sol, pero ahora la noticia era que la luna cubriría completamente el círculo de Tonatiuh y que la noche acaecería en pleno mediodía.

Habría que verlo, pues siempre he sido desconfiado.

Nos subimos al techo esperando acercarnos todavía más al evento y no fue una maniobra inútil, pues desde ahí pudimos ver los cerros y escuchar mejor los ladridos de los perros y el canto de los gallos que comenzaron a surgir por todos lados. Fue un evento mágico, la noche sobrevino y la adrenalina puso nuestros ánimos al borde de la histeria. No hallábamos qué ver, pues todo el conjunto era maravilloso: los cerros oscurecidos, nuestros rostros emocionados, el escándalo de nuestra perrita Lin y los gatos de Teo; o, por supuesto, la increíble imagen de nuestro astro oscurecido por la pequeña luna que describe mejor que nadie esta magnífica fotografía de Jerry Lodriguss tomada ese día y publicada ahora por la página http://www.astropix.com

Fue el último eclipse total de sol del siglo. Por largos minutos disfrutamos de esa breve noche inolvidable que ahora tengo como el principal evento universal de mi vida.



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