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La excomunión


En 1910, por haber iniciado la lucha de emancipación, el Obispo de Michoacán, Abad y Queipo excomulga a Miguel Hidalgo en un famoso bando en el que maldice todos y cada uno de los órganos corporales del cura de Dolores. El texto es definitivamente interesante porque nos da una clara idea del terror que debía provocar una maldición de estas dimensiones, que los parroquianos pudieron leer en las mismísimas puertas de la catedral de Valladolid, hoy Morelia, Michoacán. Yo lo conocí en 1981 cuando el maestro de la ENAH Guy Rozat lo publicó en una histórica revista coeditada por la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo llamada Palos (de la crítica) en el número doble 2-3, correspondiente a Octubre 1980-marzo 1981, p. 100, de donde la tomo no sin advertirte que puede ser chocante para tus virginales ojos.

“Por la autoridad de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo, de la Inmaculada Virgen María, Madre y Patrona del Salvador y de todas las Vírgenes Celestiales, Ángeles, Arcángeles, Tronos, Dominios, Profetas, Apóstoles y Evangelistas, de los Santos Inocentes, que en la presencia del Cordero son hallados dignos de cantar el nuevo coro de los Benditos Mártires y de los Santos Confesores, de todas las Santas Vírgenes y de todos los Santos, juntamente con el Bendito Elegido de Dios: Sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla, ex cura del pueblo de Dolores, lo excomulgamos y anatemizamos desde las puertas del Santo Dios Todopoderoso, le separamos para que sea atormentado, despojado y entregado a Satán y Abirón y con todos aquellos que dicen al Señor, apártate de nosotros no deseando tus caminos; como el fuego se apaga con el agua, así se apague la luz para siempre a menos que se arrepienta y haga penitencia. Amén.

“Que el Padre que creó al hombre lo maldiga, que el Hijo que sufrió por nosotros le maldiga; que el Espíritu Santo que se derrama en el bautismo le maldiga; que la Santa Cruz de la cual descendió Cristo triunfante sobre sus enemigos le maldiga; que María Santísima, virgen siempre y Madre de Dios, le maldiga; que todos los Ángeles, Príncipes y Poderosos y todas las Huestes Celestiales le maldigan; que San Juan el precursor, San Pedro, San Pablo, San Andrés y todos los Apóstoles de Cristo juntos le maldigan, y el resto de los Discípulos y Evangelistas, quienes con su predicación convirtieron al Universo y la admirable de mártires y confesores, quienes por sus obras fueron dignos de agradar a Dios, le maldigan. Que el Santo Coro de las Benditas Vírgenes quienes por honor a Cristo han despreciado las cosas del mundo, le condenen, que todos los Santos que desde el principio del mundo hasta las edades más remotas sean amados por Dios, le condenen. Sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla en donde quiera que esté, ya sea en la casa, en el bosque, en el agua o en la Iglesia.

“Sea maldito en vida y muerte. Sea maldito en todas las facultades de su cuerpo. Sea maldito comiendo y bebiendo, hambriento, sediento, ayunando, durmiendo, sentado, parado, trabajando o descansando y sangrando. Sea maldito interior y exteriormente; sea maldito en su pelo, sea maldito en su cerebro y en sus vértebras, en sus sienes, en sus mejillas, en sus mandíbulas, en su nariz, en sus dientes y muelas, en sus hombros, en sus dedos. Sea condenado en su boca, en su pecho, en su corazón, en sus entrañas y hasta en su mismo estómago. Sea maldito en sus riñones, en sus ingles, en sus muslos, en sus genitales, en sus piernas, sus pies y uñas. Sea maldito en todas sus coyunturas y articulaciones de todos sus miembros; desde la corona de su cabeza hasta la planta de sus pies, no tenga un punto bueno.

“Que el Hijo de Dios viviente con toda su majestad, le maldiga, y que los cielos con todos los poderes que los mueven se levanten contra él, le maldigan y le condenen a menos que se arrepienta y haga penitencia. Así sea, Amén”.



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