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El sueño de King


Hace casi cinco décadas (el 28 de agosto de 1963) el reverendo Martin Luther King fue la voz de millones de estadounidenses para expresar su hartazgo por las condiciones de discriminación hacia la población afroamericana y la impunidad en que actuaban cotidianamente sus agresores políticos, policíacos o civiles. La olla de presión había llegado a su límite y estaba a punto de explotar en violencia generalizada.

Ese día el reverendo King expresó reiteradamente la existencia de un sueño. Un sueño común frente a una realidad que parecía sacada de una novela criminal. Ese día soñó con un pueblo sin miedo, con una nación amparada en sus leyes, en sus normas civiles, en su moralidad religiosa expresada en la igualdad racial. Fue escuchado por la nación y el mundo entero, y aún hoy, a más de cuarenta años del sueño, sus palabras siguen retumbando en distintos pueblos que, como el nuestro, sueñan todavía con disfrutar las garantías que las palabras de nuestros políticos repiten sin cesar, pero que en la práctica se volatizan con el viento: libertad, igualdad, equidad; mesura, honestidad, imparcialidad.

En marzo de 2006 muchos poblanos nos reunimos para expresar nuestro propio sueño como ciudadanos mexicanos, como mujeres y como hombres; soñando el sueño del reverendo King para mostrar el hartazgo de tragar cotidianamente hipocresía y cinismo; depravación y corrupción política. Treinta mil habitantes de Puebla pedíamos la renuncia de Mario Marín por la simple razón de expresarse de las mujeres en la forma en que lo hizo en aquellas famosas grabaciones con Kamel Nacif; como lo vemos hoy, se trataba de un sueño. Pero era un buen sueño, inspirado en aquellas palabras de Martin Luther King, invitando a soñar.

Ese día soñamos también en que los ciudadanos comunes y corrientes no vivamos con el temor de hablar; el día en que las leyes nos protejan verdaderamente; cuando nuestros diputados y senadores representen nuestro sentir y se preocupen por algo más que los deseos de poder y sus alcances en los ratings; cuando las mujeres tengan defensa ante las agresiones de un machismo arcaico y por desgracia vigente. Soñamos con el día en que los niños y niñas mexicanos tengan vidas normales, con estudios y juego, y no sean víctimas de la corrupción de los mayores que mancillan, pervierten y violan su débil humanidad bajo el amparo de gobernadores y políticos que les cuidan la espalda.

Soñamos con un país de hombres y mujeres libres, valientes, con personalidad; hombres que aspiren a resolver nuestras carencias con sentido común, con interés por la vida, por la naturaleza, por su patria; que esos hombres y mujeres ocupen nuestros cargos públicos, que ellos sean los que gobiernen a favor del bien común, sin distingos de razas, género ni edad. Cuando esos hombres y mujeres antepongan el interés de todos por sobre los mezquinos intereses de unos cuantos, sus amigos, y decidan que el único futuro sin violencia para México es el de la libertad con equidad, el apego a la ley, la transparencia. La democracia en sí.

Cuando eso suceda nos volveremos a reunir para festejarlo. Hablaremos sin miedo, hablaremos todos. Y nuestros niños y nuestras madres reirán sin zozobra, pues tendremos un país distinto, mejor. Un país, que el día de hoy, sólo es un sueño.

El 15 de enero de 1929 nace Martín Luther King en un país que hoy no reconocería. Lo inspirador en King es su capacidad para soñar en cambios aparentemente imposibles y ofrecer su vida en la realización de ese sueño.



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