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El infierno de Anchitks




- Haremos el experimento nuclear en un sitio donde no haya nada.
- ¿Puede describirme un lugar en la tierra donde no exista nada?
- Nada importante, quiero decir.
- ¿Seres humanos?
- Exacto. Será la primera explosión nuclear transmitida en vivo por televisión.
- ¿Y cuál es el lugar elegido, general?
- Las islas de Anchitks, en Alaska.

23 de abril de 1952, hora cero. La poderosa bomba de hidrógeno mononuclear es detonada de acuerdo con los planes desatando sus inmediatos efectos de calor, presión, radiación y pulso electromagnético. El aire se calienta a miles de grados y produce una gran bola que asciende a 100 metros por segundo. La observación directa de la bola de fuego causa ceguera permanente en quienes se encuentren a menos de 25 kilómetros, quema las retinas a quienes la miren a 60 kilómetros de distancia. Nadie pensó en los animales. En un radio de ocho kilómetros no habrá piel que los proteja del calor radiactivo que avanza a 200 kilómetros por hora, pero si llegara a hacerlo, la sobrepresión hará estallar sus pulmones en los primeros treinta segundos. Si por alguna razón se llegara a sobrevivir, miles de proyectiles llevados por el viento nuclear a velocidades increíbles arrasarán lo que quede de vida.

Fuera del rango de los diez kilómetros habrá mayores posibilidades de sobrevivencia, pero pronto vendrá la radiación que, al atravesar el organismo de los seres vivientes, los rayos gamma y los neutrones serán absorbidos por el cuerpo, lesionando su sistema celular. Posteriormente, el material radiactivo llevado hasta la baja y alta atmósfera, caerá en formas de lluvia ácida, dependiendo de su tamaño, las siguientes semanas, los siguientes meses y los siguientes años.

La bomba atómica de las islas de Anchitks no está considerada entre las más importantes de la historia, si recompara con otras poderosas bombas que se hicieron estallar posteriormente, como la del primero de noviembre de ese mismo año en las Islas Marshall del Pacífico Sur, que alcanzó temperaturas de 15 millones de grados, vaporizando el atolón.
La bomba probada de 15 megatones produjo un cráter de dos kilómetros de diámetro, expulsó millones de toneladas de material radiactivo a la atmósfera y, a causa de los vientos, causó que el atolón Rongelap, a 160 kilómetros de la explosión, recibiera durante las siguientes 96 horas dosis de radiación muy superiores a las letales. Cientos de isleños presentaron alta incidencia de cáncer y enfermedades tiroidales.

Volveremos con más destrucción después del corte comercial.


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