jueves, 19 de octubre de 2017

El saber de la ciudad

Esta es la entrada número 1000 
de Mitos sin sustancia.

La ciudad del saber es un concepto urbanístico de origen ambiguo. En Puebla hay quien se lo atribuye a Alfonso Vélez Pliego, que insistió en el tema de aprovechar la enorme infraestructura cultural de Puebla para atraer atención académica, cultural, turística a nuestra ciudad; planes sobre el tema se han presentado a los gobiernos municipal y estatal en los últimas dos décadas. ¿Por qué no pasa nada? ¿O sí pasa? Uno de los académicos que mayormente ha insistido en este tema ha sido el Dr. Carlos Montero Pantoja, que hace tiempo me había mostrado un itinerario que un supuesto “turista académico” seguiría por los archivos y las bibliotecas de Puebla. Esa fue la razón de mi visita a su oficina en la segunda planta de La Casa de la Aduana Vieja a donde, para no variar, llegué sin avisar.



Mitos sin sustancia: Tú tienes un proyecto cultural desde hace mucho tiempo para Puebla, una ciudad eminentemente universitaria, con una población de 200 mil estudiantes. ¿Cuál es tu plan?

Carlos Montero: El plan es convertir a Puebla en una ciudad del saber donde los temas principales sean la ciencia, el arte y la cultura en general, aspectos esenciales en la formación humanista de la gente, atendiendo a varias vocaciones o a varias características. Menciono solo dos: el proyecto de la ciudad de Puebla fue un proyecto de ciudad humanista porque fue un proyecto de ciudad renacentista, de ahí el trazado, la geometría, la concepción de esta ciudad de Puebla. Y luego, que una de sus vocaciones de siempre ha sido la de la enseñanza, porque aquí tuvimos colegios bastante importantes para una ciudad pequeña de la época colonial.

MSS: ¿Puedes ampliar un poco esa visión?

C.M. Durante la época colonial la ciudad de Puebla llegó a tener, en su plenitud, muy cerca del siglo XIX, sesenta mil habitantes, pero de ahí hacia atrás fue mucho más pequeña, lo que no impidió su gran desarrollo educativo. Tuvimos el Colegio de San Luis, en la 5 de mayo entre la 8 y la 10 poniente; tuvimos el Colegio de San Jerónimo, que hoy es la Escuela de Psicología; el Colegio del Espíritu Santo que es el Carolino, el Colegio de San Ignacio que fue el palacio de gobierno allá en Reforma, el de San Ildefonso enfrente; los edificios que llamamos El Hospicio y el de San Javier en el Instituto Cultural Poblano, colegios jesuitas. Exceptuando el de San Luis, todos esos fueron conventos jesuitas. Y luego tuvimos colegios tridentinos, que fueron San Juan, San Pedro, San Pablo y San Pantaleón, que son los que están al costado sur de la Catedral de Puebla, hoy la Casa de Cultura, oficinas del Tribunal Superior de Justicia y de la Secretaria de Turismo.

Los colegios, precisamente, porque esta ciudad estaba ya destinada a esa vocación de la enseñanza, a convertirse en México en un lugar del saber, como Alcalá, como Salamanca en España. Esos conceptos, o esos modelos, también nos llegaron aquí a nuestro país, y si bien por razones políticas ninguno de ellos llegó a tener categoría de universidad, es porque nunca quisieron que, fuera de la Universidad de México, hubiera otra universidad; pero, no obstante, muchos de los cursos que se impartían aquí fueron reconocidos y venían de la Universidad de México a verificar o a examinar estudiantes para que los cursos tuvieran esa categoría; o venían profesores a impartir los cursos acá. O sea que eso nos habla de que esto ha existido siempre, Puebla ha tenido esa característica y por eso no es extraño que siga con esa vocación aún en el presente.


Esos intercambios que se dan en el mundo no se estudian si no se reconocen, pero lo vemos, lo sentimos, lo vivimos, porque aquí en este cubículo donde me estás entrevistando vienen colegas míos de Alemania, de Argentina, de España, de todos lados… Y bueno, ellos vienen a trabajar, casi siempre, pero también hacen una parte de turismo. Y a eso es a lo que yo le llamo turismo cultural, y también turismo académico, turismo científico. O vienen  estudiantes, tú conociste a Esteban, un chico que vino a la ciudad de Puebla a hacer turismo, estaba interesado en el tema de patrimonial,  entró a mi oficina a preguntar qué hacía yo y se quedó a trabajar conmigo tres años en proyectos de investigación. Hay mucho turismo joven que sí, va a visitar la ciudad, mira la ciudad, mira los museos, pero luego hay otras partes que no hemos estudiando a detalle y que son esto: gente a la que le gustan los libros y que se mueve también en los mercados de pulgas buscando antigüedades, eso también es turismo. Y que tú vas a las bibliotecas, vas a los archivos, te mueves en ese otro ámbito, ahí están ellos. Si Puebla tiene todo eso, pues Puebla debiera potenciar eso que tiene, que es otra riqueza  y que debemos ponerla al servicio, desde luego y principalmente de los poblanos, y luego ya de mucha otra gente que está interesada en ello, porque sí hay turismo para todo eso, si uno informa que tenemos un incunable, como en La Fragua que tiene incunables, que tiene códices, que tiene libros de botánica, de aquella herbolaria que se llevó a España; si tú divulgas eso te encuentras en el mundo, ya sumados, a  miles que pueden interesarse en venir a consultar y conocer o a escuchar a un especialista. Que ese es otro detalle, cuando hablamos de los padrones de investigadores, pues sí, sacamos una lista, o se dan  números: tenemos 300 investigadores inscritos en el padrón nacional. Bien. ¿Y eso qué te dice? Pero si uno dice: tenemos un especialista en botánica prehispánica, habrá en el mundo otros colegas que se interesen, como le sucede a uno en la red, donde de pronto alguien te pregunta: oye estoy interesado en este tema. Y empiezan los comentarios.

Hay muchos otros temas, objetos de estudio, más mundanos como la gastronomía, la comida fusión, comidas mestizas y demás, pues ¿dónde están? Las tenemos ahí en nuestro territorio, que el frijol, que el maíz, que el chile, que la calabaza, la flor de calabaza. Hay muchos interesados en conocer cómo se da la flor de calabaza, cómo se cosecha el nopal. Y esa riqueza, que es parte de nuestra cultura, no se promueve. Y es de eso de lo que habla este proyecto de la ciudad del saber.

MSS: Mencionabas un trayecto, un  circuito donde señalabas bibliotecas y archivos de la ciudad.

C.M. Sí, son las sendas, sendas que sí se ejecutaron como proyecto en el trienio de Blanca Alcalá, no toda, pero tuvo esa intención, un poco de guía, de encaminar a la gente. Encaminar lo digo con todo el sentido de la palabra, de que vaya caminando por la ciudad, y que entonces, para efectos de guía, le digas: mira, en este trayecto tú vas a encontrar, por ejemplo, tal cosa de comida, de bebida, de arte, de música, de arquitectura, de memoria, todo eso puedes hacerlo aquí. Por ahí va la intención de las sendas. Y la senda del saber es una senda muy especializada, en donde uno mira los colegios que existen materialmente, pero sobre todo sus bibliotecas y sus archivos. Y tenemos una biblioteca extraordinaria en el antiguo colegio del Espíritu Santo, que es la biblioteca José María Lafragua, ya lo decíamos, con incunables, con códices, con libros antiguos y modernos, con una sala de lectura bellísima, con actividades, presentaciones de libros, un lugar a donde uno puede llegar con toda tranquilidad y consultar un libro; lo mismo tenemos la biblioteca Palafoxiana, que se puede consultar y que pareciera para turistas y no, es una biblioteca que se puede consultar, solo hay que saber lenguas muertas, latín, griego, no sé qué otra lengua, español antiguo, etcétera. Pero, por lo demás, todo mundo puede llegar como investigador y consultar los libros: el Archivo Municipal, donde está la memoria de la ciudad y más, porque en cuanto no hubo, por ejemplo, autoridades reconocidas por la corona, de Tlaxcala, de otros sitios, todo se venía a concentrar a Puebla, donde hay un archivo importantísimo. Y luego tenemos los archivos de la propia universidad, que son los archivos de la memoria universitaria, que le llamo yo, está en la Avenida Reforma, antes de llegar a la 7 sur, está el archivo de la memoria histórica, pero abrieron otro que está en Analco, en la antigua casa de Ovando, donde incluso tienen un museíto pequeño y algo de lectura. Y luego tenemos toda la memoria del estado, que está en el Instituto Cultural Poblano: archivo de notarías, archivo del registro público de la propiedad, la hemeroteca más completa que tenemos, y otra biblioteca especializada en temas poblanos, que se remonta también a los siglos coloniales, donde hay documentos del siglo XVI. Tengo entendido que se va a trasladar una parte, me parece que el archivo de notarías, al antiguo hospicio, ahí en esa parte que están restaurando. Así que tenemos todavía los colegios, los archivos, todo para el turismo académico, para el turismo científico.

Pero a dónde va todo eso. Pues resulta que no tenemos residencias, no tenemos espacios idóneos para este tipo de turistas, porque ese turista requiere, por ejemplo, de un escritorio, requiere de espacios adecuados para poder crear, sean artistas o no; esa hotelería o ese tipo de hostales, que además deben ser baratos, pues es un turista que no cuenta con recursos para estar en un hotel de cinco estrellas, pero tampoco es pobre como un  estudiante. Eso es lo que nosotros trabajamos y estudiamos, porque a ese turista hay que atenderlo. Nosotros mismos, en esta universidad, yo siempre lo pongo de ejemplo, no como queja, pero sí como paradoja: no puede ser que siendo la principal universidad de este estado no tenga residencias para atender a tantos invitados que vienen a las distintas escuelas de esta universidad, y lo mismo de estudiantes. Promovemos los intercambios y presumimos de que vienen estudiantes de todo el mundo, y sí vienen, es cierto, pero tampoco les ofrecemos lo que podríamos ofrecer.

MSS: ¿Hay un hotel de la BUAP, no?

C.M. Hay una casita que se preparó para la Escuela de Turismo, que tiene la sección de hotelería, etcétera, es para ejercicios académicos, y no dudo que de vez en cuando lleven a alguien, cuando algún director no quiera pagar la estancia de sus investigadores en un buen hotel. Pero eso no está bien, debiera tener la infraestructura turística necesaria para atender ese perfil de visitantes. Nosotros tenemos edificios, por ejemplo propusimos que el edificio Arronte fuera una residencia para profesores. ¿Por qué el edificio Arronte?, porque históricamente ahí estuvo el primer hotel de esta ciudad, en el concepto actual, el primer hotel de esta ciudad estuvo ahí, en el edificio Arronte, entonces en el espacio se recuperaría también este concepto. Y en el propio diseño, que por eso se le echó el tercer piso -que es el que hoy está causando problemas estructurales-, propiamente para su función  de hotel. Toda la renovación interior que hoy vemos fue para ese hotel, ¿por qué se hermoseó el patio?, porque el patio era el restaurante.

MSS: La ciudad del saber, entonces, es una promesa, un concepto de turismo distinto al que tienen en la cabeza las autoridades que llegan y se van en esta ciudad; una forma de recobrar una antigua tradición de Puebla en el sentido educativo, y de poner sobre la mesa del desarrollo económico y turístico, tan cacareados por todos, un aspecto original, elegante, pulcro y con un gran futuro sobre la personalidad histórica y arquitectónica de Puebla. Es como darle un diploma que siempre se le ha negado, como reconocer lo que es, no lo que queremos que sea, o alguien con mucho poder quiere que sea, una suerte de Disney Word mecanizada llena de japoneses detrás de sus cámaras fotográficas. La ciudad del saber, simplemente, es un reconocimiento a la prosapia, la categoría de una ciudad que a lo largo de cinco siglos se ha ganado su lugar en la historia.

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