Ir al contenido principal

Ningún pariente

 

Porfirio Díaz condecora al cadete Federico Méndez Rivas

En los últimos meses estuve releyendo/remirando la historia gráfica de la revolución de Toscano, una maravilla de información visual; voy en el tomo 6, creo que no avanzaré más y no completaré los diez porque a mi juicio aquí terminan las fotos de la revolución.

Adelitas/Casasola

Las fotos importantes de la revolución mexicana están en esos seis tomos, de la Adelita al brazo del general Álvaro Obregón flotando en un frasco con formol, que conocí en el museo mausoleo de San Ángel; a partir del tomo 3, la colección se pone un poco oficialosa, está el corazón de aquel diferendo que terminó gobernando la Nomenklatura bélico-legal que siguió a la muerte de Obregón, la institucionalidad con todos sus rumores militares.

Postín, no tarugadas/Casasola

Los siguientes presidentes, breves al principio, muy elegantes en las impecables fotografías en blanco y negro tomadas o rescatadas por la hacendosa familia Casasola, comenzando por don Gustavo; retrataron al servicio público de México y cumplieron un papel imprescindible de cronistas de la imagen,  con don Porfirio encabezando ceremonias a cuál más solemnes y de verdadero postín.

Gran festejo para el centenario de la Independencia

Que si el embajador japonés, que si el español. Y comienza también una sucesión de nombres y renombres que son los participantes y los ganadores de los puestos que se repartieron con generosidad. En fin, mil nombres. Diez mil nombres. Los he leído con relativa atención y hay una notoria ausencia de nuestros genes en la conflagración, ningún ancestro Noyola que haya estado en aquellos eventos, en un puente, en alguna manifestación, nada; están todos los demás, Meades desde 1910, Muños Ledos y, desde luego, López, desde el XIX, pero ningún Noyola, será que esos estados de donde proviene nuestro apellido, concretamente San Luis Potosí y Zacatecas, participaron muy discretamente en la revolución, el que no haya parientes nuestros en los seis tomos del la enciclopedia de Casasola.

La bisabuela Magdalena Venegas

Rocha, en cambio, hay; en la reforma tenemos a Sóstenes y en la revolufia uno que otro, incluso zapatistas, pero ese es un apellido prestado por don Candelario Rocha a mi abuelo Leopoldo, que desposó a su madre  –en la foto– y le dio su apellido.

El abuelo Leopoldo Rocha Venegas

Se conjetura que nuestro verdadero bisabuelo haya sido un chino, pues dejó claras señas en el rostro del niño, pero los chinos apenas aparecen en el libro de Casasola, creo que colgados de unos postes telegráficos en Mazatlán. Estoy históricamente preocupado y sé que tú tampoco. La de la foto es Magdalena Venegas, madre de Leopoldo Rocha, no era una Adelita, era una campesina de San Juanito, pero participó en la batalla del 11 de diciembre de 1910 en Cerro Prieto, Chihuahua, para defenderse de los crímenes que venía cometiendo en la región el ejército federal, que comandaba el temible general Juan J. Navarro.

Chinos de Torreón

No fueron parientes nuestros.


.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Tentzo

El taller de la FEEP de Tzicatlacoyan, con financiamiento de la ONG española Ayuda en Acción, concluyó su escultura de papel maché con la representación del Tentzo, figura mítica de origen prehispánica situada en la parte alta del kiosco de la plaza principal de la comunidad de San Juan Tzicatlacoyan, Puebla. De acuerdo con la investigadora Antonella Fogetti ( Tenzonhuehue: El simbolismo del cuerpo y la naturaleza ), El Tentzo es una entidad “mitad dios y mitad no”, deidad antigua intrínsecamente buena, dadora de dones, que de acuerdo a la tradición tiene la facultad de asumir diferentes apariencias: catrín, charro, viejo barbón, anciana, mujer hermosa o animales diversos, que también podría ser interpretado como el famoso nahual o entidad similar. Hoy todos niegan venerar al Tentzo, pero las ofrendas periódicamente depositadas en su honor refieren todo lo contrario. Es una suerte de deidad negada pero viva, vigente. El Tentzo, cuyo nombre ostenta una montaña y la propia cordi...

Tratado de Bucareli

Tras haber cumplido tres años de gobierno, el 31 de agosto de 1923 el gobierno de Álvaro Obregón consigue reanudar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, de vital importancia para su gobierno, pero con una condición: la firma de un tratado que el senado mexicano había rechazado en primera instancia, pero que las presiones del gobierno y el asesinato del senador Fidel Jurado obligan a dar un viraje y aceleraron su aceptación. Durante años busqué el texto completo de este tratado que en la universidad nos había sido contado de manera inexacta. Ignoro las razones que suscitaron esa versión, que entre muchas escandalosas cláusulas reasaltaba una en la que se prohibía a México la producción de motores de combustión interna que prácticamente paralizaban el principal avance tecnológico de las primeras décadas del siglo XX. Como era de esperarse, neceé durante varios años y hasta pulí mi argumentación pues era un elemento clave a mi parecer para explicar el enanismo tecnológico de...

Resortes ocultos

Cuando estudiaba en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), en los años ochenta, Octavio Paz se atrevió a emitir unos juicios críticos sobre los antropólogos, la escuela en su conjunto reaccionó con indignación, incapaz de meditar en las palabras del escritor. Lo llenamos de vituperios y lo menos que le dijimos fue que era un aliado de Televisa, vocero de la derecha y cosas por el estilo. Muy pocos o ninguno leyó críticamente sus argumentos, por desgracia. Recuerdo que, entre lo más hiriente, Paz decía que la escuela se había convertido en una pasarela de modas de una clase media hippiosa y que todo se discutía ahí, menos la antropología mexicana. Yo terminaba entonces la carrera y buscaba afanosamente quién me dirigiera la tesis de, por cierto, antropología mexicana. No encontré ningún maestro interesado, ni ahí ni el Ciesas, donde por supuesto había algunos estudiosos del tema, pero que no tenían tiempo para un estudiante de licenciatura. Me dediqué entonces a ver a nu...