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La ciudad en palabras

  Partamos de que nuestros jóvenes son, en su gran mayoría, pobres, muy pocos tienen dinero para pagar la cultura privada materializada en los libros, los cafés, las galerías o los cines. A ellos es a quienes los gobiernos (municipal, estatal, federal) les debe proporcionar espacios y si es posible recursos a través de la gratuidad. La tristeza de ver un turismo que solo aprovecha una parte de su potencial, un centro hermoso y culto con una pobre oferta turística poco imaginativa que no termina de atreverse a emprender visiones vanguardistas para detonar un turismo original para la ciudad. ¿Qué quieren los jóvenes? Le pregunté a mi amiga Rocío Coca, treintañera, sentados a la mesa de su cocina, lo reflexionó así: “De los lugares a los que de repente está bien darse una vuelta cuando no llevas lana, te vas a Profética y estás viendo libros un rato, estás como dando la vuelta ¿no? Ahorita acaban de abrir un café que es tipo café galería y puedes estar en la galería o puedes estar...

Estereofónico

La primera noción que tuve sobre lo estereofónico ocurrió en los años sesenta. Surgió de un aparato Panasonic que mi papá trajo del El Paso, Texas. Rápidamente pudimos apreciar sus atributos, pues en tanto oíamos en la bocina izquierda una sección de la música, en la derecha escuchábamos otra parte. El estéreo había llegado a nuestras vidas. Nunca pasó por mi cabeza que las cualidades bipolares del equipo la tenían también todos los seres humanos y los animales, excepto los sordos, como yo. No quiero ser dramático. Era –y sigo siéndolo y seré– sordo de mi oído derecho, anomalía que pudimos detectar desde temprana edad, incluso mereció una consulta con el especialista de la capital estatal que supuestamente me lo “destapó” desde la nariz; en realidad no representaba un defecto que me incapacitase en ningún sentido. Y así pasé la vida, las décadas transcurrieron sin sobresaltos en materia de audición. En mi lado derecho era “duro de oído”, pronto nos habituamos a que había que lanzarme...

La simpleza

  En fin, querida hermana, se me acaba el recreo. Tengo ahorita en la pandemia tres trabajos formales y los trabajo, a ratitos, las 24 horas del día; el resto del tiempo hago lo que me da mi regalada gana, así que estoy muy bien, ya ves que cumplí 66 y que todo en mi entorno marcha relativamente bien, creo que esa es la vida, la única. Y ante las desgracias del mundo, mi vida está bastante bien, con ustedes mi familia, que están bien, lo que me lleva a reflexionar que, personalmente, solo he visto cariño y progreso en mi vida, así que no me puedo ni me voy a quejar. Ha sido una excelente vida, y para mejor atributo, pobre, porque eso me ha permitido entender una verdad insoslayable que los desgraciados ricos nunca entienden, entregados a la acumulación y al consumo, que terminan entendiéndolo muy tarde, al final de sus existencias: que lo mejor en la vida es la felicidad sencilla, el dinero siempre dificulta las cosas, la felicidad se encuentra en el amor, el arte, la salud, la nat...

Familia

  El afecto es cariño y la simpatía significa dolor compartido; nuestras vidas se han cruzado (a través de Malú, Luz y Teresa) en momentos de dolor y alegría, algo que nos convierte en cómplices, en familia. Esa complicidad no podrá ser borrada nunca en nuestras vidas.

La radio

  No puedo hablar de “lo medios de comunicación” en Puebla, sino de un medio, el radio, antigua telecomunicación a la que he estado unido por diferentes circunstancias desde hace tiempo. En el orweliano año de 1984, como resultado de un premio nacional de cuento , fui invitado por Radio Educación a escribir un guion radiofónico con el tema de mi relato, que trataba sobre la construcción de un replicante robótico de John Lennon –asesinado hacía poco– para la organización de un enorme concierto junto al lago Roosevelt, en el desierto de Arizona. Ahí se construye una ciudad especial (Lennon City), al modo de Disney World, basado en las canciones del inolvidable cuarteto, con un uso intensivo de la realidad virtual. Me reencontré con un medio de comunicación que había disfrutado de niño con las famosas radionovelas de la XEW y la XEX que escuchaba con mi hermana, las transmitían y retransmitían las estaciones de provincia: El derecho de nacer , Chucho el Roto , Kalimán y otras de gé...

Cien años

  La estación de ferrocarril de Cd. Cuauhtémoc, Chihuahua, tiene un agradable boulevard peatonal con grandes macetones y bancas donde pasan las tardes habitantes de esa parte de la ciudad, rancheros, menonitas y tarahumaras que llegan a esta zona de bodegas a realizar negociaciones o simplemente a recolectar un poco de maíz. Hay tiendas agrícolas, ferreteras y refaccionarias. No es nada del otro mundo, pero así, limpio y ordenado, es otro panorama al que los nativos del pueblo conocimos y desde luego al que Antonio Noyola vio al llegar a Cuauhtémoc en 1947, cuando “las vías” eran el hogar de decenas de familias menesterosas que ocupaban furgones abandonados del ferrocarril, zona de crímenes y prostitución, basura y abandono que fue una de sus grandes preocupaciones en los siguientes cuarenta años, cuando fue posible su transformación gracias al empeño e insistencia de Antonio por municipalizar el derecho de vía y hacer de ese lugar lo que ahora es. No buscó el más mínimo crédito pa...

El poplíteo y el peroneo

  Reproducción mía de un fragmento del Guernica de Picasso A cierta edad si no haces alguna clase de ejercicio tus músculos te lo recuerdan cada noche. Del empeine a las rodillas sube un calor que no es caliente ni frío, un dolor que no es demasiado doloroso sube lentamente desde el huesito del tobillo hasta la rodilla como un enjambre de hormigas que van a refugiarse en una cueva debajo de las dos rótulas; una desagradable sensación de apuñalamiento, una psicosis muscular sin respuesta racional que le convenza de que en realidad no debe existir, que es una reacción ridícula de unos músculos que parecieran desconocerse entre sí. Por favor, tendón, rotunéalo, este es el tibial anterior; les presento a ambos el tendón calcáneo; el sóleo, que convive con el gastrocnemio (el famoso chamorro), el poplíteo y el peroneo largo; todo termina en el músculo tibial. De ahí el argumento científico de que debo hacer ejercicio, eso es indiscutible.