Isla de Santa Helena, 5 de mayo de 1821. Lo que vemos es un hombre enconchado sobre sus rodillas con un rictus de un dolor añejo que perlea su frente de sudor frío. Está muriendo de algo indefinido, los médicos dicen que es una afección de los riñones o el hígado, pero él cree que es la misma enfermedad que mató a su padre: cáncer de estómago. Investigaciones químicas efectuadas doscientos años después en algunos de sus cabellos indican que era la ingestión de arsénico la causa de su sufrimiento. Lo único cierto es una cosa: el pequeño hombre sufría dolores verdaderos. Y no eran nada nuevos. Toda la vida adulta padeció dolores estomacales, desde sus exitosas campañas militares como oficial del ejército francés, cuando fue proclamado Emperador en 1804 o Rey de Italia al año siguiente. Napoleón fue el hombre más poderoso de la tierra en los primeros lustros del siglo XIX, uno de los más grandes genios militares de la historia que no conocía las medias tintas, pues hasta sus derrotas eran...