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El del Nahual

Las historias de misterio no tienen que ser tragedias necesariamente. Esto lo aprendí en una leyendas compartidas por Carmina Conde, en las que a veces no ocurre nada terrible en ellas, no corre la sangre, nadie muere y todo sale bien al final, en esta su papá vivió una historia terrorífica, pero vivió para contarlo. Mi papá nos contó una historia de su niñez. Cuando ellos vivían en Amajac, mi abuelo los mandó a él y a su hermano a que acompañaran a mi tía –su hermana de ellos- con un familiar a Contla, un pueblo cercano; tenían que ir caminando, no había transporte, había que caminar. Entonces se fueron. Como eran niños se fueron jugando en el camino hasta el otro pueblo y no vieron nada, no pasó nada. Cuando hicieron el mandado que iban a hacer, se despidieron de los familiares y se regresaron a Amajac. Entonces, cuando regresaban, ya iban por contra, ya de tarde-noche, venían ellos con su hermana y, “de pronto nos encontramos con un perro”, pero era un perro enorme, neg...

Se lo chupó la bruja

Esta historia-leyenda familiar que me contó Carmina Conde es perturbadora porque hay detrás de ella otra historia menos fantasiosa, que habla de un vicio criminal o al menos de negligencia criminal, lo que llevó a estas familias a extrañas tradiciones y prácticas ¿quién era Juana?, ¿qué hacía Juana, además de niños?, ¿qué pasó esa noche cuando la familia de Juana fue visitada por la tragedia?, ¿o fue una bruja en verdad que llegó a chuparse el alma de su hijito? Con las brujas para las familias era un asunto de protecciones, sobre todo con los niños, porque las brujas malas se llevaban a las niñas, pero a los varones se los chupaban. Por eso se decía que se lo chupó la bruja. Generalmente se hablaba de sacrificios, ellas vienen aquí para sacrificar a alguien. Mi abuela creía mucho en eso. Decía que su mamá tuvo un niño, hermano de ella, al que se lo chupó la bruja. Entonces, para proteger a los niños, cuando mi madre y sus hermanas tuvieron a sus hijos, ponían debajo de las c...

El hombre sin cabeza

Creo que en mi niñez no me habría dado mieto la leyenda del  jinete sin cabeza,  no figuraba en mi imaginario terrorífico como en cambio lo fueron un ánima o un fantasma deambulando por el patio, los espantos que marcaron los límites superiores de mi terror infantil; el jinete sin cabeza era muy ajeno a nuestro ambiente pueblerino.  La leyenda tampoco impresionó mucho a mi informante Ileana Gómez,creía que el fantasma la llevaba a pasear a caballo, y que se aparecía en los linderos de la actual Ciudad Universitaria de Puebla, donde abundaban los maizales y los solares baldíos  donde hoy se ubican las abarrotadas colonias surorientales de la capital. A saber dónde quedó el pobre jinete, porque la cabeza estaba perdida desde entonces. Esta es su leyenda. El hombre sin cabeza fue uno de los grandes horrores de mi niñez, aunque realmente no comprendía muy bien cómo es que procedía este espectro. Los domingos veníamos por los rumbos de Ciudad Universitaria cu...

El alma de la Malinche

Esta es una leyenda probablemente sobre el origen del volcán La Malinche, también conocido como Matlalcueye (llamado por los antiguos como Matlalcuéitl: falda azul en náhuatl), que los estados de Tlaxcala y Puebla comparten en sus límites de altura a 4,500 metros snm. Me gustó porque involucra ese sentimiento nacional, ambiguo como pocos, que conocemos como malinchismo, una suerte de autodesprecio y especial aprecio por lo extranjero, por lo europeo de tez blanca aquí representada por un ánima que es a la vez nieve y española, con la que presuntamente los hombres que suben quisieran casarse. Pero antes tendrán que aceptar ciertas condiciones. Así me la contó Francisco Jiménez. En determinado momento las personas que viven cerca del volcán, a las faldas del volcán, dicen que a principios de cada año, el primero de enero, el dos de enero, se aparece una mujer blanca; cuando un hombre va subiendo solo hacia la punta de la Malinche, simplemente por recorrerlo, por distraerse o...

Laxas leyendas

A finales de 2014 dictaminé un libro de leyendas poblanas que venía sin prólogo, pues el editor retiró la primera página en aras de un dictamen ciego y objetivo, omisión que resultó relevante, pues ahí, además del nombre del autor, figuraba la advertencia de que todos los relatos incluidos, tratados como leyendas, provenían única y exclusivamente de la imaginación del autor, es decir, no eran propiamente leyendas sino historias, cuentos, perspicaces fantasías del escritor al que por cierto le fallaba la prosa, aunque le sobraba imaginación. Al ser leyendas, como supuse en primera instancia, recopiladas por una persona mayor en los barrios de Puebla, el volumen tenía un interesante valor histórico y antropológico, porque las leyendas eran plausibles y atañían a barrios específicos de la capital; pero al ser inventos del autor ¿era posible y pertinente seguir llamándoles leyendas? La pregunta que busqué responder en un segundo dictamen fue si las personas modernas tenemos el...

El torero fantasma

En la vena de las leyendas, la siguiente quizás sea la primera versión de una leyenda sobre un fantasma que moró en una antigua plaza de toros del Barrio de Santiago en la ciudad de Puebla que fue desmontada hace ya muchos años. En las leyendas no se discute su certidumbre, se creen o no se creen, pero mi informante, el maestro de baile Ángel Peña, indudablemente vio algo que en sus años mozos no tuvo la menor duda de reconocer como un fantasma, ni más ni menos que el fantasma del torero que contaban algunos comensales que también lo vieron. Esta es la historia. Un día vimos al torero fantasma, se abrieron las puertas y vimos su sombra. Nosotros vivíamos en el barrio de Santiago donde estaba la plaza de toros y había muchas historias de toreros. De pequeños nos tocó jugar beisbol en la arena del rodeo, como el piso era de arena era muy rico jugar ahí, se podía uno tirar, lanzarse, brincar sin ninguna preocupación. Entonces tuvimos oportunidad de conocer a los consagrados del t...

Capitán Fantasma

Desde que llegué a Puebla escuché hablar del Capitán Fantasma, un mito local sobre un personaje que no solo existió, sino que algunas personas relativamente jóvenes conocieron, pues se trata de una historia de los años sesenta. Una de ellas es Flor Coca Santillana, una de mis fuentes primordiales de la poblanidad, a quien muchos años después, buscando recopilar un libro sobre leyendas de esta antigua ciudad,  aproveché para entrevistar y sonsacarle su muy particular versión del Capitán. Aquí está el resultado. Mi abuela tenía una casa de vecindad donde había varios departamentos. Esta casa se la sacó mi abuelo, bueno, se la compró porque mi abuelo se sacó la lotería, debe haber sido a principios de los años cuarenta. Don Ernesto se sacó la lotería, 25 mil pesos, y le compró esa casa de vecindad a doña Mary, que estaba muy deteriorada. Pero después, de eso vivió doña Mary, que era maestra alfabetizadora. Se quedó con la casa de departamentos y de eso vivió y sacó adelante a...