miércoles, 25 de mayo de 2022

Migrantes

 


No son visibles como los emigrantes internacionales que saltan el muro, no transitan por desiertos en frías madrugadas, no hacen marchas fabulosas bajo la atención del mundo y tampoco cruzan ríos caudalosos; pero también son migrantes; también son pobres. Muy. Tanto, que no pueden dejar a sus numerosas familias en el pueblo ¿a qué? Por eso viajan con ellas enormes distancias para vivir en infinitos campos agrícolas equipados con campamentos para instalarse ahí con su familia toda la temporada de barbecho y cosecha. Estos migrantes tampoco hacen nada en la penumbra, son mexicanos documentados, a veces viajan en autobús, frecuentemente en las bateas de vehículos diversos, depende de la distancia, porque trabajo agrícola existe en todos lados, visité algunos de esos campos en Veracruz, Puebla, Hidalgo, Guanajuato, Zacatecas, Chihuahua y Sonora; van a las pizcas de hortalizas en los infinitos campos de monocultivos propiedad de mexicanos y de gringos. Ajo, sandías, cebollines; café, chile, ejote. Y sus hijitos ahí. Unos migrantes poco glamorosos que casi nadie ve. No cruzan fronteras, no son noticia apetecible a nadie; son los Nadie de Eduardo Galeano

Foto de Mitos sin sustancia

viernes, 13 de mayo de 2022

Choque en el Independencia

 


Hoy hace diez años fue un día de reflexión y mecánica. Reflexionamos en general sobre la vida, la suerte y el destino, que a veces parece ensañarse, pero sobre todo sobre la vida, que insiste en darnos más y más oportunidades para experimentarla. Antier fueron Maru y Tech al Mercado Independencia, en la vuelta en U, previa a la entrada y conforme a la flecha que te autoriza a darla, un joven decidió pasarse el rojo en su gran camioneta y agarró a nuestro Tsuru por la esquina delantera, le dio vueltas como una pirinola sobre la Avenida de las Torres. Daño material mayor, pero de haber pegado un metro atrás frente a la puerta de Teresa en este momento estaría escribiendo del hospital o del panteón, pues los 60 kph que acepta el chofer no son creíbles frente a los daños causados. Pero las muchachas bien, que es lo único verdaderamente importante en todo este sainete. Llegó el jefe del chofer, creo que la mamá y "yo no fui, fue teté"; el peritaje de los peritos es una mala broma y cual Damocles, deciden desconocer la versión de testigos y se circunscriben a la voz de los implicados. Una mala jugada el tal peritaje, pues un empleado de Purina, que estaba de frente al semáforo, vio perfectamente cómo se pasó el alto la camioneta, pero no sirvió de nada. Mi argumento fue sencillo: nosotros ya no tenemos coche, su camioneta apenas sufrió daños, ahora van al corralón y van a estar ahí quién sabe cuánto; no me importa, pues como digo, ya no tenemos coche, pero ustedes tampoco tendrán su camioneta. Piénsenlo de aquí al Sector 3 y actúen en consecuencia.

Lo pensaron. En el sector 3, ya con abogado, quisieron negociar. Yo valoré el golpe en 10 mil pesos (tú sabes que no soy herrero, pero le fallé por 150 pesos) y les pedía la mitad de eso. Tras ¡ocho horas! de espera a los agentes (es increíble, cómo puedes esperar ocho horas a unos agentes afuera de un edificio vacío. Fueron a su casa, comieron, se bañaron, se echaron un polvo, una siesta y luego decidieron ir a trabajar: "les pedimos disculpas, somos dos peritos para media ciudad". Opero tampoco hacen un gran esfuerzo ni mucho menos), sentados en la banqueta, cansados, hambrientos y estresados, terminé aceptando tres mil pesos de pago por daños, menos mil del "arrastre" y multa por licencia vencida; salimos de ahí (es un decir, porque nunca entramos al sector 3, te atienden en la banqueta, no hay secretarias, está cerrado y vacío) con la sensación de haber perdido algo. Esa misma noche volvimos a constatarlo: habíamos perdido nuestro coche.

Pero estamos bien, nos hemos reído de nosotros mismos hasta la histeria. Y hemos reflexionado sobre todo ello. La vida sigue dándonos la oportunidad, aunque el destino insiste en ponernos a prueba. Le contaba Malú a su prima el accidente por messenger, la prima de Cuernavaca le respondió: "eso no es nada, prima, el lunes nos secuestraron a mi esposo y a mí, nos llevaron a un lugar donde había otro secuestrado. A las dos horas oímos un alboroto. Era la policía que había localizado el lugar por el chip del vehículo del otro secuestrado. Al entrar nos descubrieron y nos liberaron. Tuvimos mucha suerte". De eso ni duda cabe.

13 de mayo de 2012

Foto revista Malinali

 

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sábado, 30 de abril de 2022

De niñas y de niños

 


Un 30 de abril de 1995, aproximadamente, le di un libro de regalo a Luz por el “Día del niño”; lo recibió, desde luego, pero me preguntó con ambición: ¿cuándo es el día de la niña? ¡Es hoy, también!, le respondí, al tiempo que reconocía que algo fallaba en la denominación de esta antigua celebración. A partir de entonces, tanto en familia como en la estación de radio, incorporé el “Día del niño y de la niña”, que al unísono también implementaron otros padres y funcionarios del gobierno que tuvieron, quizás, una experiencia similar, pues por entonces el lenguaje incluyente definitivamente no era algo de nuestro mundo. De modo que son las generaciones las que empujan esos cambios, y a veces, como en este caso, desde muy temprana edad.

Hace tiempo dejaron de ser niñas –bueno, Luz ha dejado de ser oficialmente “joven”, tengo entendido–, pero para nosotros ustedes serán por siempre nuestras niñas. Las niñas de nuestros ojos, de nuestras entrañas y de nuestras vidas. ¡Felicidades, mis niñas!


Foto de Eugenia Monroy

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martes, 19 de abril de 2022

Tono enológico

 


En el súper debo elegir entre un vino Merlot y Cabernet, olvídate de casi todo lo demás. Hay que seguir probando los chilenos y otros italianos.

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sábado, 16 de abril de 2022

Ningún pariente

 

Porfirio Díaz condecora al cadete Federico Méndez Rivas

En los últimos meses estuve releyendo/remirando la historia gráfica de la revolución de Toscano, una maravilla de información visual; voy en el tomo 6, creo que no avanzaré más y no completaré los diez porque a mi juicio aquí terminan las fotos de la revolución.

Adelitas/Casasola

Las fotos importantes de la revolución mexicana están en esos seis tomos, de la Adelita al brazo del general Álvaro Obregón flotando en un frasco con formol, que conocí en el museo mausoleo de San Ángel; a partir del tomo 3, la colección se pone un poco oficialosa, está el corazón de aquel diferendo que terminó gobernando la Nomenklatura bélico-legal que siguió a la muerte de Obregón, la institucionalidad con todos sus rumores militares.

Postín, no tarugadas/Casasola

Los siguientes presidentes, breves al principio, muy elegantes en las impecables fotografías en blanco y negro tomadas o rescatadas por la hacendosa familia Casasola, comenzando por don Gustavo; retrataron al servicio público de México y cumplieron un papel imprescindible de cronistas de la imagen,  con don Porfirio encabezando ceremonias a cuál más solemnes y de verdadero postín.

Gran festejo para el centenario de la Independencia

Que si el embajador japonés, que si el español. Y comienza también una sucesión de nombres y renombres que son los participantes y los ganadores de los puestos que se repartieron con generosidad. En fin, mil nombres. Diez mil nombres. Los he leído con relativa atención y hay una notoria ausencia de nuestros genes en la conflagración, ningún ancestro Noyola que haya estado en aquellos eventos, en un puente, en alguna manifestación, nada; están todos los demás, Meades desde 1910, Muños Ledos y, desde luego, López, desde el XIX, pero ningún Noyola, será que esos estados de donde proviene nuestro apellido, concretamente San Luis Potosí y Zacatecas, participaron muy discretamente en la revolución, el que no haya parientes nuestros en los seis tomos del la enciclopedia de Casasola.

La bisabuela Magdalena Venegas

Rocha, en cambio, hay; en la reforma tenemos a Sóstenes y en la revolufia uno que otro, incluso zapatistas, pero ese es un apellido prestado por don Candelario Rocha a mi abuelo Leopoldo, que desposó a su madre  –en la foto– y le dio su apellido.

El abuelo Leopoldo Rocha Venegas

Se conjetura que nuestro verdadero bisabuelo haya sido un chino, pues dejó claras señas en el rostro del niño, pero los chinos apenas aparecen en el libro de Casasola, creo que colgados de unos postes telegráficos en Mazatlán. Estoy históricamente preocupado y sé que tú tampoco. La de la foto es Magdalena Venegas, madre de Leopoldo Rocha, no era una Adelita, era una campesina de San Juanito, pero participó en la batalla del 11 de diciembre de 1910 en Cerro Prieto, Chihuahua, para defenderse de los crímenes que venía cometiendo en la región el ejército federal, que comandaba el temible general Juan J. Navarro.

Chinos de Torreón

No fueron parientes nuestros.


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viernes, 25 de marzo de 2022

Las Bachianas Brasileiras –ficha–

 

Puedes escuchar la gran interpretación de la Bachiana número 5 a cargo de soprano argelina Amel Brahim-Djelloul AQUÍ: 

Las Bachianas Brasileiras de Heitor Villa - Lobos son nueve, fueron escritas en un periodo de 15 años entre 1930 y 1945; tres (las bachianas 2, 7 y 8) son para orquesta; una para orquesta de cuerdas (la 9), la Bachiana 1 para ocho violonchelos, y la famosa Bachiana brasileira número  5 para soprano y ocho violoncelos; posteriormente, Villa - Lobos haría un arreglo para soprano y guitarra; una con piano solo (la 4), otra para piano y orquesta (la 3); finalmente la Bachiana Brasileira número 6, para flauta y fagot, escrita por este inspirado compositor brasileño fallecido en 1959 a los 72 años de edad.

Hay grandes interpretaciones de estas obras, sobre todo de Bachiana brasileira número 5 para soprano y orquesta, empezando por María Callas, pero la han interpretado todas las grandes sopranos de la ópera. Es hermosa.

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viernes, 25 de febrero de 2022

Clase media de baja tesitura


En la universidad, a finales de los años setenta, la noción de la lucha de clases era lo que privaba en las conversaciones sobre casi cualquier tema. Recuerdo que no era bien visto hablar de clase como categoría social para diferenciase de otros individuos, tampoco podía reconocerse el pertenecer a una clase media o algo alta –en la que alguien podía reconocerse– y menos de la inefable clase media a la que casi todos los universitarios pertenecíamos en aquel país en donde todavía existían campesinos y el proletariado era una suerte de ícono por el que todos presuntamente luchábamos por su liberación, eso era la izquierda; con los proletarios estábamos en tácita y automática concordancia, aun cuando fuera como mirones bien intencionados. Y claro, pequeñoburgués, el epíteto más temido y nunca mejor aplicado a esa acumulación de prejuicios y estereotipos en la que estaba sustentada aquella endeble ideología falsamente marxista.

En medio de esa discusión, rodeado de familiares y amigos estudiosos de la teoría del capital en sempiternas células clandestinas, mi comprensión del tema era más bien limitada, interesado como estaba en el arte plástico tachado por el estatus quo de capricho burgués e instrumento del imperialismo. “El óleo –me indicaba un militante de la Upome–, es un instrumento del imperialismo que te convierte en propagandista de sus fines”, lo que no le impidió robarme un cuadro al óleo de mi casa.

Hablando del progreso de lo que antes se era y ahora se es, doña Cirila Esteban en un pueblo del municipio de Zautla, en la Sierra Norte de Puebla me hizo un eficaz resumen de su vida en el que cada quien hace su balance final, una prueba fehaciente de que el tema del progreso es más complejo de lo que se supone, juzga por ti mismo:

“En el pueblo todo estaba muy mal, sin agua, sin luz, sin calles, sin nada. Un lugar cerrado, de plano. No había ni ¿cómo le diré?, no estudiaba la gente, quien quería estudiar estudiaba solo y el que no ahí se quedaba. A como yo, porque yo aunque tantitito empecé a conocer un número o letra, gracias a mi esposo. Ya él fue el que me dio la instrucción, y es como yo empecé a leer. Donde le digo a usted que yo ni hablaba castellano. Sí, medio entendía, pero ya para platicar no. Cuando me casé nomás hablaba náhuatl, pero mi esposo me enseñó a hablar, a escribir. Yo quería estudiar, pero mi papá no me dejó. Oía que en Teziutlán estaban llamando chamacos para estudiar. Le dije yo a mi papá: papacito, me voy a Teziutlán, voy a estudiar. “No no, mi hija, siéntate a trabajar en el metate a hacer tortillas”. No, pero yo quiero ser maestra papá. “No, enséñate a hacer tortillas”.  Ya, qué me quedaba. Ya no. Pero gracias a Dios, aunque sea cerrada y todo, ya que empecé a estar de novia, le dije a mi esposo: me vas a pedir pero bien pedida, si no no. Salí bien casada, gracias a Dios, y ya él me empezó a enseñar: “no, mira, esto y lo otro”. Tuvimos cinco hijos. Otra cosa, ya con otra vida. Uno anda en Querétaro, es teniente, el otro está en Mazatlán y otro está aquí. Y mi hija está en Zaragoza. Gracias a Dios ahí fuimos saliendo, nos fue sacando mi esposo, porque yo… Y luego, cómo le diré, el negocio, porque ahí se entrena uno, ¡abre uno los ojos!, ahí se enseña uno más, conoce gente y todo.”

El ascenso de amigos de clase proletaria a clase media fue un fenómeno recurrente durante el último cuarto del siglo XX. Chano y Lula ascendieron del proletariado cuando la empresa donde Chano era obrero calificado les entregó su casita relumbrosa en un Infonavit de Cuautitlán Izcali y abandonaron para siempre el pisito rentado en el corazón del barrio bravo de Tepito, donde nacieron y crecieron. Su hermana Paty un día terminó la universidad, habitó desde entonces en el sur de la ciudad de México y terminó su doctorado en un notable ascenso de clase social. Esa es para mí la imagen del progreso, el mejor ejemplo de movilidad social. Así ocurrió en otros casos de familias cercanas a la nuestra que con un gran esfuerzo, algunas oportunidades económicas y otras sociales, subieron el peldaño a una situación menos exigua, como fue el caso de Doña Esperanza, quien nos hacía de comer a tres estudiantes y un día me pidió que le enseñara a escribir su nombre; así que todos los días, después de darme de comer, sacaba su cuadernito y su lápiz y revisábamos su tarea. Desde luego aprendió a escribir su nombre y a leer las rutas del transporte urbano que debía tomar. Bueno, pues pasó el tiempo y su adorado hijo Camilo se tituló como licenciado en la UNAM.

Yo suponía –y sigo suponiendo– que esas pequeñas o grandes ganancias personales y familiares tienen que ver con las clases sociales y esas familias amigas de la nuestra innegablemente ascendieron de clase social al recibir el fruto de su esfuerzo en aquel México en donde los jóvenes creíamos que todo era posible con organización (y lo sigo creyendo), que era factible la esperanza nacional de sustituir al PRI. 

La clase media consistía y consiste en vivir bien sin posibilidad alguna de adquirir nada más que los elementos mínimos para una vida confortable. Vivir al día, sí, pero vivir bien al día. Imposible comprar una casa o cambiar de vehículo por algo menos anticuado, pero suficiente para pagar una renta y adquirir a plazos alguna carcacha para movilizarte del trabajo a la universidad. Era un lujo, pero también una necesidad posible de satisfacer con mi sueldito de burócrata.

Entonces clase media significaba, como ocurrió también en mi niñez como el cuarto hijo de la pareja de telegrafistas pueblerinos, tener pan y leche en el refrigerador, comer carne, queso, mermelada; y ya en la capital de México consistía en ir al cine, a la playa de vez en cuando; los cigarritos cotidianos y el roncito semanal. Hasta hoy creo que eso es lo que significa ser de clase media, poder trabajar y estudiar, comprar el Proceso y La Jornada; comprar Vuelta e ir a la Muestra Internacional de Cine, alguna vez en algún teatrito coyoacanense; ir al restaurante Veracruz de Plaza Universidad cuando venían mis papás, terminar algún viernes de farra prematura de quincena en algún Potzocalli comiéndome un pozole como animal.

Las crisis económicas que iniciaron con aquella señal echeverrista al devaluar la moneda de 12.50 a 26 pesos en agosto de 1976, el mes que llegué a la ciudad de México desde mi pueblo chihuahuense, subieron y bajaron su intensidad en los años siguientes. Aun en los peores momentos con Miguel de la Madrid en los años ochenta, luego del doloroso despilfarro y la dolosa corrupción del lopezportillismo, los mexicanos no teníamos ni idea de lo que nos reservaba el destino, pues entonces era Argentina el mejor ejemplo de crisis económica; Colombia y Brasil los paradigmas de violencia nacional. Por supuesto aprendimos a apretarnos el cinturón, pero eso significaba acaso perder algunas cuantas prerrogativas que no alcanzaban a erosionar el piso de nuestra clase social. Pero un día vimos que sí, nos habíamos apeado de la clase media a una de indeterminada tesitura descendente, comenzó una crisis económica que nunca terminó.


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jueves, 17 de febrero de 2022

Acusmático

 

Acusmático, sustantivo y adjetivo

-        Que oye sin ver

En la escuela pitagórica el acusmático era el que solo podía oír al maestro; quienes podían además verlo, eran llamados matemáticos.

-          ¿Es el pódcast un arte acusmático?


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viernes, 28 de enero de 2022

RegalArte

 Mi regalo para Luz fue largamente meditado. Ella puso el motivo: huitlacoche, yo puse las manos sobre el barro.

Lo primero que pude comprender sobre el arte plástico y el maíz fue la derivación natural hacia una estética tolteca.

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Tener una mazorca como motivo me empujó a realizar trazos cilíndricos y granulados, inspirados por mazorcas reales infectadas de huitlacoche que Luz guardaba en el refrigerador.

Como siempre lo inevitable de un rostro humano convencional: una nariz, dos ojos y una boca; a veces orejas, y acusar plásticamente la deformación propia del huitlacoche y semejar un rostro en redonda deformación por las agallas del hongo en la realidad, enormes ampollas grises y negras, saturadas de inflamación.










Las hojas de la mazorca debe estar siempre en las piezas, son las hojas que usamos para el consumo que hacemos del maíz, hojas protectoras de nuestros elotes, té medicinal, envoltura de tamales y mixiotes, quesos y hasta dulces.

 

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Este fue el resultado final de la observación plástica del Señor del Huitlacoche. Desde luego es mi favorita y representa a un ser abotagado, un hongombre inflamado por las agallas que le surgen aquí y allá. 

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Construir estos regalos fue una verdadera fiesta de oficio y compromiso, las fotografías tan malas no le hacen justicia a las piezas reales; en el arte plástico no hay discusión entre su calidad digital y material, como ahora lo disputa la pintura.

Y pegados a ella cantidad de oficios que se beneficiaron de la era digital para sus obras; no la plástica, que sigue siendo un arte para las yemas de los dedos.

martes, 4 de enero de 2022

La raza de la hebra 3

 


Para Ventura Mendoza, con afecto

El final de la pandemia me trajo una inesperada noticia que cambió el color de los dos fatigosos años de ostracismo doméstico: desde la lejana capital del estado de Chihuahua fui localizado en Puebla para ofrecerme una tercera edición de La raza de la hebra, historia del telégrafo Morse en México, libro que fue publicado en 2004 por la Universidad Autónoma de Puebla y en 2005 por la empresa de comunicación Syscom, que ahora quiso volver a editarlo en una versión corregida y aumentada, pues una suerte de presentimiento me aconsejó corregirlo y mejorarlo en los tiempos muertos de la cuarentena, que fueron muchos, de modo que cuando en octubre de 2021 recibí esa noticia, el libro estaba afinado como un violín.

La historia del telégrafo Morse es en apariencia un tema muy ajeno y lejano del siglo XXI, pero cuando avanzas te das cuenta que es una historia sobre uno mismo, ese ser moderno comunicado hoy hasta la histeria que efectivamente empieza con aquellos seres estrafalarios que se comunicaban con puntos y rayas a mediados del XIX, llamados telegrafistas; la conclusión de La raza de la hebra es que todos terminamos siendo telegrafistas y que el mensaje de texto mexicano, tan moderno ahora, comienza en 1851.

El detalle más espectacular de esta tercera edición es su tiraje de 10 mil ejemplares y su carácter de regalo navideño. Antes del final del año miles de familias mexicanas habrán recibido a la puerta de su casa un ejemplar; no puedo imaginar un mejor sistema de distribución. Arribo asegurado. Otra cosa es entender por qué regalar a tantas personas una historia sobre el telégrafo en México y no, por ejemplo, sobre el versátil internet, los lenguajes modernos de la comunicación, materia de Syscom. La explicación es simple: primero porque Jorge A. Saad, el empresario de telecomunicaciones que ha patrocinado esas dos ediciones, tiene mucho aprecio por el tema, y segundo, porque en esencia el telégrafo es el mismo internet, ambos son telecomunicación y comparten algo que han desarrollado hasta la perfección, tras 170 años de uso de la electricidad para comunicarnos, inventaron el mensaje de texto (el producto de los telegrafistas), llamado entonces telegrama, hoy Twiter, WhatsApp, ejecutado por nosotros mismos porque ya no necesitamos la intermediación de un telegrafista. Eso es todo, que no es poco. Los telegrafistas destacaron como profesionales empíricos y transmitieron a través del electromagnetismo nuestros mensajes de texto, que entonces no se llamaban así porque un texto era lo único que podían comunicar a través de ese código obtuso de puntos y rayas, solo que hoy transmitimos imágenes, sonidos, hablas, emoticones, mensajes de texto. El internet que hoy nos resulta familiar y hemos aprendido a operar eran territorio de los temibles web master que hasta hace muy poco dominaban por completo el balón. Y lo siguen haciendo, pero una parte importante de la humanidad ha podido independizarse para interactuar a través de la electricidad para beneficio de algo todavía inexplicado, que es la condición comunicante que ahora casi todos tenemos, en los más diversos grados. Ahí, en el soporte digital, hemos robustecido nuestras bibliotecas, coleccionamos películas y existen sitios asombrosos, globales y sorprendentes, que nos permiten escuchar música y ver conciertos y documentales que antes del internet solo podíamos soñar como ciencia ficción. Ahora vemos cosas que antes eran anécdotas de la ciudad porque cada vecino se ha convertido súbitamente en reportero y alcanza a grabar el accidente, el asalto, el abuso y el uso del poder; la caída graciosa, la mascota, el bebé. Con el internet las posibilidades de responder a las preguntas que uno se hacía hacia 1999 se simplifican hasta la intemperancia porque ahora es posible saber en segundos lo que antes nos llevaba días o semanas conocer. Socialmente, el internet comunicó a la masa. Desde la primavera árabe se utilizó el internet en la organización de las multitudes que derrocaron al tirano; a partir de entonces la movilización social tiene esa herramienta comunicante que sobra decir lo superior que es frente a los antiguos mecanismos de organización, no solo de grandes multitudes, sino de grupos sociales más reducidos que ahora cuentan con un instrumento de comunicación tremendamente eficaz. Todos nos hemos vuelto telegrafistas.

La historia del Telégrafo Morse trata de esos seres humanos que hicieron posible la comunicación eléctrica en México basada en el código binario punto y raya, que predominó por ocho décadas en las comunicaciones mexicanas. Después, el mismo torrente científico de inventos en el uso de la electricidad, que le dio vida y salud al Telégrafo Morse por tantos años, terminó por darle su licencia de retiro, ya entrado el siglo XX, con el éxito de la comunicación hablada, el teléfono. "Punto-Raya-Punto" dejaba de expresar, de acuerdo con las necesidades del nuevo siglo, el mensaje deseado, dando paso a la telefonía, primogénita del telégrafo eléctrico. De pronto era posible manifestar en palabras propias nuestra situación geográfica, comercial y emocional. ¿Bueno, quién habla…?

La historia arranca cuando el empresario español Juan de la Granja trajo a México esta revolucionaria invención a mediados del siglo XIX. El telégrafo modifica muchas costumbres mexicanas e impone otras nuevas, su historia ilustra cómo fue la comunicación telegráfica; el mensaje de texto, el telegrama, fue introduciéndose en las costumbres colectivas y poco a poco penetrando en los hábitos de gobiernos, comercios y familias (“Llegué bien a Celaya, favor de avisarle a mi mamá”); hasta que el telégrafo llegó a ser, en la cúspide del Porfiriato, un instrumento fundamental para las necesidades cotidianas de un país, del gobierno y la sociedad; el comercio de aquel primitivo capitalismo ampliamente beneficiado al manejar mejor su información, el medio por el cual se enviaban felicitaciones onomásticas, transacciones comerciales, giros telegráficos y muchas órdenes de fusilamientos, rupturas, adhesiones y noticias periodísticas. Fue así como llegó a operar las veinticuatro horas del día en las principales ciudades del amplísimo territorio nacional. Se hizo esencial en las relaciones humanas, incluso dentro de una misma ciudad (“No podré llegar a cenar”). El telégrafo facilitó una ganancia política, económica y social formidable, la comunicación eléctrica fundaba la modernidad (“Estoy bien, no te preocupes.”).

El periodo revolucionario somete al telégrafo Morse a una dura prueba por sus vulnerables instalaciones y la rudeza de la guerra. Contrastan las grandes hazañas militares con los pequeños y dañinos hurtos de cable telegráfico que suspendían abruptamente su operación. Había tramos que ya no eran reparados. En muchos casos el poste fue el árbol y el cable la soga del ahorcado. 

Desde la victoria del 5 de mayo de 1862 en Puebla el telégrafo fue el vocero y el medio de comunicación de la guerra. Un telegrama de Zaragoza es hoy un emblema patriótico: “las armas nacionales se han cubierto de gloria”. Hechos históricos como la toma de Cd. Juárez en 1914, donde el telégrafo juega un papel determinante en la ruptura de Francisco Villa con su jefe Venustiano Carranza, que el 13 de junio de 1914 le dio un giro decisivo a la revolución.

El periodismo en este largo proceso de la historia mexicana no sería explicable sin el uso diario del telégrafo; tampoco el sistema meteorológico que permitió un significativo avance portuario, para no hablar de las relaciones familiares y comerciales que pudieron fincarse en el aviso rápido, oportuno, urgente. En el envío de recursos por medio del giro telegráfico. La comunicación que ofrecía el sistema de correos-diligencias, por moderno que fuera, resultó súbitamente anacrónica como correo porque, cuando llegaban, las noticias tenían semanas de atraso.

Fernando Benítez llama al telégrafo en "El Rey Viejo" los oídos del tren militar; en realidad llegó a ser, entre 1850 y 1930, los oídos y el habla de toda una nación, su uso tan común que se instalaron buzones en las esquinas donde podían depositarse los telegramas con cobro revertido. Se hizo común el telegrama local, el aviso oportuno. El “propio” era un tipo de telegrama en el que se comisionaba al mensajero a entregar telegramas en lugares lejanos. El “propio” recibía una compensación de 2 pesos por entrega. Me tocó varias veces en Cuauhtémoc, Chihuahua, ser comisionado para entregar esos telegramas. Había que ir muy lejos y con noticias casi siempre funestas para el destinatario, quien por regla tenía que firmar de recibido en mi libreta, pero no siempre era posible cobrar la tarifa reglamentaria, la persona ya estaba llorando; todo mundo perdía.

La gran hecatombe de la revolución  puso a las instalaciones telegráficas a punto de desaparecer. En amplias zonas del país su infraestructura fue arrasada completamente, algunas estratégicas como La Laguna y el Bajío fueron ejemplo de grave destrucción, obligando a una completa reinstalación con nuevo equipamiento, ahora de teleimpresores, una vez alcanzada la paz. Las escenas revolucionarias de los altos mandos decidiendo el curso de la lucha no serían imaginables sin la presencia de un telegrafista al lado de cada general.

El golpe que implicó la sustitución del telégrafo por el teléfono y la teleimpresora, después de la lucha armada, fue lo suficientemente fuerte como para herir de muerte al Telégrafo Morse. La introducción de teletipos en el Distrito Federal y las principales capitales de los estados pusieron al telegrafista Morse de espaldas a la pared. Se iniciaba también el predominio de la ingeniería profesional sobre los conocimientos empíricos, tan socorridos y útiles durante el siglo XIX, desplazándole aún más.

Arranca, según esta historia, una decadencia que inicia con un drama. En febrero de 1933, un Estado constituido en la reciente Revolución corta de tajo, con innecesaria violencia, lo que pudo haber sido una mejor transición del signo al habla, del telégrafo Morse al teléfono, al teletipo, a la radiodifusión, la televisión y el internet con su amplio menú de opciones; ahora nuestras expectativas de comunicación son portátiles, podemos transmitir lo que queramos desde cualquier sitio.

Sin embargo, no es posible decretar una muerte oficial del telégrafo Morse en 1933, sería una injusticia para los telegrafistas Morse que subsistieron por lo menos hasta 1970. Lo digo como testigo presencial. Aun cuando había sido sustituido por el teletipo para el servicio regular, mi papá seguía trasmitiendo los domingos en clave Morse, manipulando el vibrador de tecla vertical que fue la última tecnología que el “lenguaje” telegráfico llegó a tener. Acompañé a mi papá a un concurso de oratoria Morse en Cuernavaca. “Haz de cuenta que eran oradores, con una dicción perfecta y una ortografía impecable”, me platicó emocionado; “como su letra” añadí yo en mis adentros, pues era famosa la caligrafía de los telegrafistas y mi papá le hacía el honor.

El Morse queda como una expresión cultural que en cualquier momento puede ser llamada a actuar. El cliché de película donde un atrapado bajo escombros se comunica con la superficie a través del Morse, es algo que hoy día puede ocurrir en cualquier momento.  La llamada Automatización de la Dirección General de Telégrafos, que se inicia virtualmente con la instalación de aparatos teleimpresores en los primeros años de los años treinta, alcanza un plano nacional iniciada la década de los setenta y llegó a totalizarse hasta los años noventa. Lo que ocurre después del Maximato del expresidente Elías Calles se mezcla con otras historias. Hay que descubrir a los modernos telegrafistas entre mecanógrafos y técnicos que trabajan en máquinas de diversos aspectos: escriben a máquina, son locutores, atienden ventanillas, que definir como "telegrafista" les hace poca justicia a aquellos de los que trata esta historia: los Morse, que eran seres que hablaban un lenguaje inextricable: "Punto raya, raya punto. Punto raya, punto, raya, raya", que se expresaban a través de un sonido corto y uno largo; largo-largo, corto-largo. El Morse de los puntos y las rayas que en su aparente rigidez escondía un refinamiento incontestado por cualquier otra comunicación sonora: la ortografía. En Morse no es posible expresar barbarismos: "buzcaré berte el biernez", sino "buscaré verte el viernes", detalle que no deja de ser interesante al acercarnos a esos seres incomprendidos que resultaron ser los telegrafistas, pues de personajes importantes en los pueblos que conocían la intimidad de los vecinos  –como el cura o el doctor–, y que además dieron su sangre a la revolución, solo recibieron desprecio de los generales que se hicieron del poder, y en los albores del siglo XXI, han caído en el más grande olvido.

En la huelga de febrero de 1933, oprimidos y humillados al ser puestos bajo las órdenes de los postales, encadenaron sus fuerzas en un compacto gremio que apeló, incluso con la huelga nacional, una mala medida administrativa; enfrentaron con audacia la arbitraria decisión (de la ciencia) aplicada por la Secretaría de Comunicaciones con represión militar y ceses masivos,  muriendo dignamente.

Fue en esta efímera lucha que se autodenominaron La Raza de la Hebra, significativo nombre que habla del entusiasmo, la energía casi biológica con que enfrentaron su inevitable transformación.

Por desgracia no puedo recomendar la compra de La raza de la hebra, pues como he explicado no está a la venta y sus diez mil ejemplares ya han sido distribuidos; tengo, sin embargo, su versión digital para todos aquellos entusiastas que deseen echarle un ojo al origen de su actual vocación: la comunicación eléctrica. Pueden solicitarla aquí: polo.noyola@gmail.com, y se los envío a vuelta de correo. Buen año 2022.

 

Publicado ayer en Mundo Nuestro, gracias.

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lunes, 3 de enero de 2022

Los 90 de Aída

 


Aída nunca tuvo muy buena relación con su abuela Magdalena y en mucho se debió al día de su nacimiento. Según su abuela paterna ella debería haberse llamado Genoveva. Esto lo pidió mucho antes de que Aída naciera, cuando mi abuela Luz quedaba embarazada por quinta ocasión en aquel largo invierno de 1931-1932 que derivó en el nacimiento de Aída a principios de enero. Magdalena pidió desde agosto o septiembre que sin era niña se llamara Genoveva, pero a mi abuela Luz no le pareció suficiente argumento ¿por qué Genoveva?, no había pariente, ni razón alguna para que se llamara Genoveva. Y todo el poder que la Nena tenía sobre su hijo Leopoldo no fue suficiente para doblegar la tozuda decisión de su nuera Luz. La niña se llamaría Aída. La fecha se acercó, pasaron las fiestas de diciembre, el año nuevo y el 3 de enero nació Aída, con la inconveniencia de que es el día de Santa Genoveva, efeméride que no ayudó en absoluto a su delicada relación con su abuela. Hoy hace 90 años nació.

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